Ser receptor y estar en lista de espera para un trasplante, es materia común en este mundo. Pero la ficción nunca supera la triste realidad de lo que debe padecer un paciente en una larga, dolorosa y burocrática espera para poder continuar con su vida.
En los últimos años, las campañas de adherentes para ser donantes se han incrementado, esto acompañado que el listado del Cucai crece a pasos agigantados y en muchas ocasiones, quien en vida tomó la decisión de ayudar cuando ya no esté en este mundo y no pueda ver la obra de bien que realizo. Pero toda regla, tiene su excepción.
Es el caso de donantes en vida, caso específico cuando podes aportar un riñón, y dos vidas puede continuar transitando este camino de manera normal.
Una historia de amor real, parece en los tiempos que se viven, se parte de una película, pero aquí es cuando la realidad, como mencionamos más arriba, supera la ficción. Este tipo de historias, se ha visto reflejado en la pantalla en diversas oportunidades, pero déjenme decirles, que el relato de una pareja que sobrevivió a muchas vicisitudes en torno a la salud de una de ellas, puede llegar a tener una reflexión más contundente que la moraleja en un celuloide. Oscar Flores, conocido por quien escribe, colega, fue uno de los tantos pacientes sanluiseños, que debió realizar un tratamiento de diálisis, desde hace más de 10 años, su riñón dijo “No va más”, pero la ciencia y el amor respondieron con voluntad y espera. Una espera que, disculpen que sea reiterativo, a veces desespera.
Mi colega, su vecino, su comprovinciano, como a usted le quede mejor el calificativo, remo contra la corriente, teniendo la oportunidad de tratarse, hasta que llegara ese órgano que le permitiera volver a vivir una vida normal, como la de quien escribe, como la del que está leyendo. Y luego de estar conectado a un aparato, una máquina que se convirtió en un apósito para su vida. Al mejor estilo de Hollywood, la trama tiene su lado positivo. Y ese día llego, llego un corazón a la vida de Oscar. No, lector, no es un error de este periodista que se confundió de órgano.
El corazón de Susana Pereyra, su pareja, su compañera de vida, su persona en este mundo que vino para reemplazar ese frío aparato, al que Oscar estaba atado hasta que su cuerpo dijera basta. Cuando le pregunté a Susana ¿cómo le nació donar su riñón a su pareja?, por la pregunta me sentí un estúpido, pero detrás de esta pregunta tonta, vino la respuesta que valió la pena. Susana, con lágrimas en sus ojos, por alegría y emoción, expresó ante la pregunta “¿qué es el amor?”, es desear lo mejor para él.
Con esta reflexión, lo que parece una decisión difícil, ser compatible más allá de los sentimientos, hace que este relato tenga un final feliz. Tanto Susana como Oscar, hoy regresan a una vida libre como dice ella, una vida que hoy en día con sus cuidados se va acomodando. Una vida, en la que su misión, la misión de ambos es llevar este mensaje, no solo de amor, si no, de enseñar que se puede ser donante y continuar desandando el camino que tienen destinado cada uno, pero en pareja y con una unión que no solo es por un riñón, es por algo más fuerte.
Es por un órgano que tienen la función de ser el motor de nuestra vidas, un órgano que simboliza el sentimiento más fuerte que tenemos los humanos. Lo que parece una película, es real. Lo que deja de mensaje, estará en quien lea estas líneas. En tiempos de muchos conflictos, este tipo de experiencias es la señal que dentro de los seres humanos hay algo bueno, que se puede ser optimista en esta sociedad. Cuesta decirlo de quien escribe, pero luego de esta entrevista, es lo que siento.
Audio: Oscar Flores y Susana Pereyra
