River sigue de copas. En San Juan, despachó 4-1 a Atlanta y se metió sin problemas en la semifinal de la Copa Argentina. Ahora espera por el ganador de la llave entre Olimpo y Deportivo Morón. Pero ya piensa en su gran objetivo: el martes recibirá a Lanús por el partido de ida de las semis de la Libertadores. Sí, el equipo de Marcelo Gallardo va por todo.
La diferencia de jerarquía entre un equipo y el otro quedó reflejada de la manera más gráfica posible. De forma contundente. En dos llegadas. En una ráfaga. En un par de minutos que se transformaron en una distancia enorme.
Hasta ese momento, hasta los 44 minutos del primer tiempo, Atlanta, equipo que juega en la Primera B y que venía de dar el batacazo frente a Belgrano en octavos de final, tenía el trámite controlado. No sufría. Neutralizaba en la puerta de su área los avances de River. Y el equipo de Marcelo Gallardo estaba en una noche con pocas luces.
Porque el uruguayo De la Cruz insinuaba mucho pero concretaba poco; Nacho Scocco caía en posición adelantada y tenía poco la pelota y Pity Martínez solo probaba con zurdazos desde afuera.
Cuando parecía que el primer tiempo se extinguía y que el Muñeco debería replantear muchas cosas en el vestuario,llegaron los goles. Y con ellos las soluciones.
Marcelo Saracchi, el lateral que le ganó el puesto a Milton Casco y se perfila como titular para la semifinal de la Libertadores ante Lanús, recibió un pase genial de Scocco, llegó hasta el fondo por izquierda y definió con un bombazo al primer palo que superó al arquero Rodrigo Lugo.
Atlanta sacó del medio y un minuto después tuvo que volver a hacerlo. Se durmió en defensa: Nicolás Bianchi Arce falló en la última línea, entregó corto un pase hacia el medio y Nacho Fernández no lo perdonó: toque a un costado y 2-0.
Todo lo que no había podido generar en más de 40 minutos lo resolvió en dos llegadas. Y trituró el ánimo de Atlanta, que ahora tenía que salir a levantar un resultado muy adverso.
Así estuvo planteado el segundo tiempo. Con River que seguía monopolizando la pelota pero ahora sin apuro. Y su rival que trataba de avanzar pero sin descuidarse por miedo a una goleada dolorosa.
Enzo Pérez casi festeja otro golazo, con una corrida desde mitad de cancha a pura gambeta que hizo recordar a su tanto contra Jorge Wilstermann, aunque esta vez falló en los metros finales.
