Al principio sentíamos piedrazos que caían en el casco y retumbaban o nos pegaban en las protecciones: primero fue uno, dos y después una lluvia constante. El tema fue que en un momento estaban a cincuenta metros y de un segundo a otro los teníamos a cinco, parados enfrente y tirándonos piedras y fuego”, cuenta Maia Ríos (25).
Por un buen tiempo se va a acordar del lunes 19 de diciembre, el día en que tenía que hacer trabajo administrativo en la división de operaciones urbanas de la Policía de la Ciudad, pero por un relevo terminó enyesada en la guardia del Hospital Penna. La fractura del hueso escafoides de la muñeca y un esguince en la mano derecha son las más visibles de las múltiples lesiones que resultaron del enfrentamiento entre policías y manifestantes mientras en la Cámara de Diputados se discutía la ley de reforma previsional. “Yo estuve en muchísimas otras manifestaciones y nunca viví una situación como la del lunes”, asegura.
Policía hace tres años (primero de la Federal y ahora de la Ciudad), Maia es una de los 125 oficiales que fueron atendidos en hospitales a causa del enfrentamiento. “Creo que en este caso hubo mucha gente que iba mal predispuesta: con el propósito de hacernos daño. Nadie tira una molotov o un cascote a alguien sin otra intención que la de lastimar”, dice. Simpática y suave, “la China”, como le dicen todos en el trabajo, empieza el año en rehabilitación con kinesiología y reposo, esperando los resultados de una resonancia que promete darle un panorama más claro.
-¿Cómo fue ese día?
-Yo estaba de guardia administrativa y tenía bastante trabajo de oficina para hacer. Cuando llegó mi jefe ya estábamos todos atentos porque sabíamos que iba a ser un día complicado y queríamos que se sesionara. A ver, estamos en un país en democracia y hay que respetarla, y ya el jueves anterior la sesión se había caído. Para nosotros siempre es complicado: si avanzamos primero nos tratan de represores y si no avanzamos dicen “¿qué le pasa a la policía que no avanza?”
-Igual en este caso había un protocolo muy claro de la jueza López Vergara….
-Sí, nosotros dependemos de los directivos de operaciones que son quienes nos hacen las bajadas tácticas y estudian las situaciones. Lo que diga la jueza lo respetamos porque es una disposición legal y nuestro trabajo es, justamente, hacer cumplir la ley.
-¿No sentían que los estaban exponiendo?
-No sé cómo explicarlo, pero creo que todos –como policías– nos sentimos un poco desprotegidos. No del lado nuestro, porque sabíamos que operaciones estaba ahí resguardándonos y nuestros compañeros también, pero no la ley. Creo que en todo momento se trató de evitar que se llegara a la gente y, al final, fueron ellos los que llegaron a nosotros.
¿Alguna vez habías estado en una manifestación así?
-Yo estuve en muchísimas manifestaciones y en la gran mayoría lo que hacemos es ir guiándolos por las calles y avenidas, los vamos acompañando pacíficamente. En este caso había mucha gente que iba con la intención de hacer daño.
-¿Qué sentís frente a eso?
-En el momento no sentís mucho porque estás ahí haciendo fuerza y tratando de cumplir con tu deber… Después te da tristeza. Tristeza por ver hasta dónde hemos llegado cuando tendríamos que estar todos unidos trabajando para salir adelante.
Cuenta Maia Ríos que la primera vez que dijo que quería ser policía era muy chiquita. “Tengo un cuñado que es policía y creo que eso influyó, pero mi idea ya venía de antes. Yo siempre lo decía”, cuenta. Sin embargo, el plan de entrar a la fuerza se demoró un tiempo porque cuando tenía 15 años su padre empezó a manifestar el mal de Parkinson. “Tuve que empezar a trabajar a la noche en el hipódromo a la vez que terminaba el secundario. Perdí medio año, retomé y después tuve que esperar un tiempo para poder inscribirme”, se acuerda. “Pero yo creo que justamente por eso, cuando pude hacerlo, a los 22 años, lo disfruté más porque para mí fue cumplir un sueño”, asegura. Primero en la Policía Federal y después en la de la Ciudad, Maia lleva tres años trabajando en la fuerza y cumpliendo con el régimen de 24 por 48 (24 horas de guardia seguidas por 48 de franco). Lejos de darse por hecha, en 2018 planea empezar la carrera de Derecho en la Universidad de La Matanza o en la de Buenos Aires.
