Independiente se volvió a encontrar en Venezuela con el torneo que más le gusta: la Copa Libertadores de América. O con la competición que le resulta más amigable. Y es que el Rojo de Avellaneda levantó 7 veces el trofeo (por eso en Venezuela apareció con el número 7 en el pecho de la camiseta) y es el máximo ganador del torneo sudamericano. Hacía muchos años que no la jugaba y eso era una ironía del destino. La disputó por última vez en 2011, aunque no fue esta la ausencia más larga: estuvo 9 años sin jugarla entre 1995 y 2004.

Pero la emoción del reencuentro no duró demasiado: en 10 minutos le marcaron un gol. Lo primero que hay que señalar es que el pésimo estado del campo de juego del estadio Metropolitano de Lara perjudicó a Independiente. El elenco de Avellaneda salió a jugar como siempre y la irregularidades del terreno lo afectaron. El entrenador hace lo que dice. Cuando afirma que le gusta atacar en todos lados no miente: la formación inicial es una muestra. Se había plantado bien el Rojo, con Martín Benítez ancho por la derecha y Jonathan Menéndez por izquierda. Lo que proyectó el técnico rival, Leonardo González, se vislumbró rápido: perforar la espalda de Juan Sánchez Miño.

El gol inicial llegó luego de un desborde del hábil Helbert Soto por izquierda y la aparición solitaria de Carlos Sierra. Hubo una distracción defensiva enorme y entendible por la clase de partido que plantea el DT argentino. El lateral Fabricio Bustos cerró bien para cubrir la espalda de Alan Franco que se había movido al lugar de Figal, que fue a bloquear el centro de Soto. Ni Gaibor ni Martín Benítez siguieron la carrera de Sierra, que empujó en soledad al gol.

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