Durante la mañana de este viernes, Amalia Molina (82) fue condenada a cuatro años y seis meses de prisión.
Fue durante un juicio abreviado en el que la mujer asumió su responsabilidad penal por la llamada “tragedia del Parque”, episodio en que Amalia Molina cruzó un semáforo en rojo y atropelló a dos chicos de 13 años el 1 de noviembre.
Uno de los chicos, identificados como Fausto Morcos, falleció en el acto. El otro joven, sufrió graves lesiones que lo mantuvieron una semana internado en el Hospital Notti.
La condena a Molina fue por los delitos de “homicidio culposo por cruzar un semáforo en rojo en concurso ideal con lesiones culposas por cruzar un semáforo en rojo” .
Las partes involucradas (el abogado de la mujer, los abogados de la familia Morcos y el fiscal de Tránsito Fernando Giunta) propusieron la realización de un juicio abreviado. Ello permitió acordar una condena entre todos -cuatro años y seis meses de prisión (domiciliaria, dada su edad) y 10 años de inhabilitación para conducir-, evitando así tener que ir a un proceso tradicional y que se extendería en el tiempo.
Si bien se preveía que la audiencia de esta mañana fuese para determinar si Molina esperaba el juicio en prisión o no, frente a la jueza las partes ofrecieron el acuerdo de juicio abreviado y la magistrada lo confirmó. Antes de que se cerrara la audiencia, dos de las tías de Fausto (Marta García, hermana de la mamá del chico y Julia Morcos, hermana del papá de Fausto) leyeron unas emotivas palabras que habían preparado para la ocasión.
Hoy sus padres no están presentes. El dolor les resulta insoportable, les ha quebrado la voz y la presencia. Cecilia, su mamá, sólo dice cosas hermosas de él. Ella lo recuerda como un niño respetuoso, un ser lleno de amor, amiguero, un aventurero que nos regalaba risas y momentos de felicidad. Fausto era pura alegría, la luz de nuestras vidas.
Desde el trágico momento del atropello, no hemos recibido ni un solo gesto de humanidad, de empatía o de arrepentimiento, ni de la señora Molina ni de sus familiares. No hay palabras de consuelo, ni de reconocimiento por el daño causado. Para nosotros, hay algo que no puede morir, y es nuestra gratitud por haber sido la familia de Fausto. Porque su vida estuvo marcada por un amor tan profundo, tan puro, que jamás dudamos que la señora Molina conozca algo semejante.[Marta García, hermana de la mamá del chico]
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