Una chica compartió en su perfil un remedio antiguo para combatir el dolor de muelas. Se pasó un sapo por la cara y revivió la creencia de que a través de la piel permeable de la cara se puede aliviar la presión sobre el nervio, aunque hoy se sabe que es más un mito que una solución científica, siendo mejor visitar al dentista.
La joven mencionó que no contaba con el dinero para acudir a un profesional y terminó acudiendo a medidas extremas.
Creencias curativas del sapo
Los sapos y las ranas han tenido una influencia cultural ancestral; por eso mismo han sido objeto de usos mágicos y medicinales en todo el mundo. Las creencias populares atribuyen a estos animales distintas virtudes curativas: para el dolor de muelas se aconseja frotar la panza de un sapo en la parte afectada, al igual que para eliminar granos y manchas de la piel; para la jaqueca, dicen que hay que aplicarse un trozo de piel de sapo; mientras que el dolor de cintura se aliviaría con una ristra de sapos atados alrededor del tronco del paciente.
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Para la culebrilla también se sugiere frotar la panza de un batracio en el lugar infectado. En la Puna del Noroeste Argentino y sur de Bolivia, los renacuajos en parches fríos, junto con grasa de pecho de llama, aceite verde y semillas de lino, se usan para curar niños “aicados” (la aicadura es el “aire del muerto”, que enferma a los niños y a las mujeres embarazadas). También suelen utilizarse para los casos de ganado “agusanado” (en ese caso se cuelga un sapo vivo al cuello del animal) o para la renguera del caballo.
A los ojos de la ciencia, las virtudes curativas de las pieles de los anfibios están relacionadas con componentes bioactivos llamados péptidos. Estas sustancias se componen de largas cadenas de aminoácidos.
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