Había elegido Nápoles para pasar el Año Nuevo como turista. Para experimentar, quizás, su emoción más famosa: la de una noche sin límites, entre celebraciones desenfrenadas y fuegos artificiales que transforman las calles en un campo de batalla.
Las campañas de disuasión, los llamamientos a la prudencia, las ordenanzas: nada funcionó para A. B., de 24 años y residente en Roma. “Quería celebrar como solo Nápoles lo hace”, dijo al personal del Hospital Vecchio Pellegrini, en pleno centro histórico, durante la primera de las dos hospitalizaciones que marcaron su Año Nuevo, informa el Corriere della Sera.


Llegó a urgencias con una mano sangrando: la explosión de un gran petardo le había arrancado tres dedos. Los médicos lo atendieron, lo trataron y le dieron el alta. Una historia terrible, por desgracia similar a muchas otras que se repiten cada año, especialmente alrededor de la medianoche. Parecía que ya había pasado. Pero no.
Parece un chiste de mal gusto, pero es real. Un joven romano de 24 años quiso “festejar como en Nápoles” y terminó en el hospital dos veces en la misma noche: primero se voló media mano y, apenas salió de la guardia, la pirotecnia le reventó la cara.
Hay gente que no entiende por las buenas, y este joven italiano es el ejemplo perfecto de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (o, en este caso, con la misma mecha). Todo comenzó durante las celebraciones de Año Nuevo, cuando el protagonista de esta historia decidió que era una buena idea manipular explosivos de alto poder para recibir el 2026 con todo.
Round 1: La mano
Cerca de la medianoche, el joven llegó a urgencias con la mano izquierda bañada en sangre. La explosión de un petardo de gran tamaño le había arrancado tres dedos de cuajo. Los médicos hicieron lo que pudieron: frenaron la hemorragia, limpiaron los restos de la herida, le vendaron lo que quedaba de mano y le dieron el alta con la receta de antibióticos y el susto de su vida. O eso creían ellos.
Round 2: El ojo
Cualquier persona normal se habría ido a su casa a reflexionar sobre sus decisiones de vida, pero nuestro “héroe” tenía otros planes. Con la mano todavía vendada y reducida a solo dos dedos, decidió que la fiesta no podía terminar así.
Apenas salió del hospital, encendió una batería pirotécnica. Pero la suerte (y la física) no estaban de su lado: un cohete salió desviado de la caja e impactó de lleno en su rostro.

El resultado final
El joven tuvo que volver al mismo hospital apenas unas horas después de haberse ido. Esta vez, el cuadro era mucho más grave: ingreso con un ojo protuberante y múltiples fracturas faciales. Tras permanecer internado hasta esta mañana, finalmente recibió el alta definitiva, pero con un saldo trágico y totalmente evitable: perdió tres dedos y un ojo en menos de 12 horas.
Sus padres lo pasaron a buscar para llevarlo de regreso a Roma.
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