La decisión surge ante una escalada de hechos violentos y constantes hurtos en el interior del templo. “Hay una cultura violenta en la Argentina”, lamentó Rosa Gil, representante del ámbito diocesano.
La ola de inseguridad que afecta a la ciudad de San Luis no distingue entre lo público y lo sagrado. En las últimas horas, se confirmó que la Iglesia Catedral modificará sus horarios de apertura, permaneciendo cerrada durante gran parte del día para resguardar el patrimonio y la integridad de los fieles.
Nuevos horarios por la inseguridad
A partir de esta determinación, el templo mayor de la ciudad cerrará sus puertas en los siguientes horarios:
Días de semana: de 13:00 a 19:00 hs.
Fines de semana: de 12:30 a 19:30 hs.
“Una cultura violenta”
Rosa Gil se refirió a esta preocupante situación, señalando que la agresión se ha vuelto moneda corriente. “Es lo que pasa en todo el país y en cualquier ámbito. Hay quienes agreden, sean lugares sagrados o no”, expresó. Asimismo, reconoció con tristeza que existe una “cultura violenta en la Argentina” que se manifiesta de diversas formas, desde el abandono hasta la falta de respeto al Santísimo dentro del templo.
Según explicó, el párroco de la Catedral ya había solicitado hace meses una custodia especial para los horarios de misa, debido a que incluso la mendicidad en la zona ha cambiado su forma de actuar.
Es lo que pasa en todo el país y en cualquier ámbito. Hay quienes agreden, sean lugares sagrados o no[Rosa Gil, representante del ámbito diocesano.]
Gil detalló que los delincuentes y oportunistas se han llevado objetos de los altares laterales, tales como floreros, cuadros y material de devoción popular. Si bien consideró estos hurtos como un “daño menor” en comparación con la violencia física, destacó la osadía de quienes ingresan con el único fin de sustraer elementos del culto.
Sin embargo, lo más preocupante radica en la metodología de algunos grupos que se instalan en los ingresos. Según denunciaron, se han dado situaciones donde quienes piden limosna llegan a cerrar rejas del templo para obligar a los fieles a salir por una sola puerta y así facilitar el pedido de dinero, generando un ambiente de encierro y coacción que preocupa a la comunidad religiosa.
“Parece que hay competencia entre los que piden”, señaló Gil, marcando que esta situación ha sobrepasado los límites de la convivencia pacífica en uno de los puntos más emblemáticos y concurridos del microcentro puntano.
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