El indicador llegó a 8,5 muertes por cada mil nacidos vivos en 2024. Expertos advierten que el recorte en programas perinatales y el deterioro socioeconómico son las causas principales de este retroceso. “Es la cara que el Excel del Gobierno no muestra”, sostienen.
Por primera vez en dos décadas, Argentina enfrenta un quiebre en el descenso sostenido de la mortalidad infantil. Según los datos oficiales procesados por la Fundación Soberanía Sanitaria, el año 2024 cerró con una tasa de 8,5 muertes por cada 1.000 niños nacidos vivos, lo que representa un incremento del 6,25% respecto al año anterior, cuando el índice se situaba en 8.
El informe, que utiliza datos de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS), revela que el aumento no es un fenómeno aislado de una región, sino un problema generalizado: 15 de las 24 provincias registraron subas, con picos críticos de entre el 10% y el 20% en jurisdicciones como Corrientes, La Rioja y Santiago del Estero.


El salto más preocupante se dio en la mortalidad neonatal (fallecimientos en los primeros 28 días de vida), que pasó de una tasa de 5,5 a 6. Este indicador es considerado un “número duro” que refleja directamente la calidad del sistema de salud y el acceso a controles durante el embarazo.
“Cuando se empiezan a poner barreras, se pierden oportunidades de control. Una persona puede llegar a parir con un embarazo de alto riesgo a una maternidad de baja complejidad por falta de seguimiento”, explicó el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak.

El informe vincula este retroceso con el desmantelamiento o desfinanciamiento de programas clave que garantizaban la equidad sanitaria:
Cardiopatías Congénitas: El debilitamiento de este programa federal afectó el tratamiento oportuno de recién nacidos.
Falta de Insumos: Denuncian la suspensión en la provisión nacional de surfactante pulmonar y medicamentos para patologías como la toxoplasmosis.
Sueño Seguro: Se discontinuó la entrega de moisés destinados a prevenir la muerte súbita en lactantes vulnerables.

Para los especialistas, la proyección para el cierre de 2025 y el futuro inmediato es sombría. El diputado nacional Pablo Yedlin advirtió que la mortalidad infantil es el reflejo de la situación social y económica de un país. Por su parte, Kreplak vaticinó que, tras décadas de descenso constante, los gráficos empezarán a mostrar curvas en forma de “serrucho” (subas y bajas), perdiendo la previsibilidad de la mejora sanitaria.
Además de los niños, las madres también están en riesgo: la mortalidad materna creció 1,2 puntos, una cifra que no se veía —fuera de la pandemia— desde hace 15 años. El alejamiento del Estado de la gestión pública ya muestra su rostro más cruel en los sectores más desprotegidos de la sociedad.
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