Lionel tiene dos años y sobrevivió tras caer a una cisterna. Su madre, que admite haber sido crítica del Papa Argentino, relata cómo el rostro del Pontífice se le presentó en una visión en medio de la desesperación. “Es un milagro”, sentenció el médico.
La historia de la familia Coronel Ventureira cambió para siempre el pasado viernes cerca del mediodía. Lo que comenzó como una jornada de trabajo habitual en Los Telares, terminó en una experiencia mística y médica que hoy conmueve a toda la provincia.
Romina Ventureira, madre de Lionel (2) y de un niño de 9 años, se encontraba en su negocio de productos de limpieza cuando decidió que el pequeño fuera a casa de su abuela para evitar el tráfico de las motos. Diez minutos después, el grito de su madre por teléfono le heló la sangre: “Se me ha caído en la cisterna”.
El escenario de la tragedia es el patio de doña Susana, la abuela. Es una postal típica del monte: seco y humilde. En el centro, la boca de cemento de una trampa de agua de dos metros. El 25 de abril de 2025, el tiempo se detuvo en ese agujero.
“Cuando mi mamá lo sacó del pozo, era un muñeco de trapo. Morado, helado. No había vida en ese cuerpito”, relata Romina.
Para la pediatría moderna, cinco minutos de inmersión total suelen ser una sentencia: el cerebro, privado de oxígeno, se apaga o sufre daños irreversibles.
Al llegar a la casa, el escenario era devastador. Lionel había sido rescatado de la cisterna llena de agua, pero ya flotaba inerte. “Lo vi color violeta y despidiendo agua”, recuerda Romina. En el hospital local, tras maniobras de reanimación urgentes, el Dr. Villaverde decidió no despegarse del niño y trasladarlo de urgencia en ambulancia hacia Añatuya.
Fue en ese trayecto, entre el traqueteo del vehículo y el sonido de un quejido “raro” que emanaba de Lionel, donde ocurrió lo inexplicable.
Romina se define como una mujer de fe, devota de la Virgen y del Divino Niño, pero admite una distancia particular con el Papa Francisco. Incluso confiesa que solía reclamarle en su interior: “¿Por qué si es argentino nunca quiso venir a su país?”. Nunca había visto una de sus misas ni leído sobre su vida.
Ahora Francisco va a estar en el altar de la casa, junto a la Virgen y los santos[Romina Ventureira]
Sin embargo, en el momento más crítico del viaje, cuando pensaba que Lionel sufriría un infarto, cerró los ojos y la imagen del Santo Padre apareció con nitidez.
“Yo no soy tu mejor oveja“, le dijo Romina a la imagen de Francisco en su mente, “pero si vos sos un hombre de fe y estás con Dios, pedile que me deje a mi Lio”.
“Vi su imagen en las escalinatas, solo, caminando hacia la luz”, cuenta Romina. En ese puente invisible entre el adiós al Pontífice en Roma y la agonía de su hijo en Santiago, ella lanzó su ruego: “Tú que estás llegando al cielo, no dejes que mi hijo se vaya”.
Mientras ella mantenía ese diálogo silencioso y desesperado, recriminándole y suplicándole al mismo tiempo, el Dr. Villaverde gritaba: “¡Llorá hijo, llorá!”. De pronto, el ambiente cambió.
El silencio de la muerte fue roto por un estruendo humano. Lionel no solo expulsó el agua, sino que abrió los ojos. El médico, en un gesto de júbilo poco común en la frialdad de los protocolos, comenzó a aplaudir de alegría dentro de la ambulancia. Miró a Romina, levantó el pulgar y le dio la noticia: “Quedate tranquila, ha abierto los ojos”.
Al llegar al hospital de Añatuya, el Dr. Villaverde entró con el niño en brazos y fue directo hacia los familiares: —”¿Son creyentes?”, preguntó. —”Sí”, respondieron todos. —”Entonces sigan creyendo, porque yo no sé cómo está vivo. Es un milagro”.
Tras ser trasladado al CIS Banda para estudios de mayor complejidad, los médicos se sorprendieron nuevamente. Lionel llegó sin necesidad de oxígeno suplementario y con una vitalidad asombrosa. Las placas solo mostraron “hilos de flema” propios del incidente, y ese domingo recibió el alta médica.
Hoy, Lionel juega, se alimenta bien y se distrae mirando las palomas desde la ventana, ajeno a la magnitud del evento que protagonizó. Para Romina, ya no hay dudas de que hubo una “gracia superior”.
“Ahora Francisco va a estar en el altar de la casa, junto a la Virgen y los santos”, afirma emocionada. La mujer que nunca quiso ver una misa del Papa hoy llora de gratitud, convencida de que aquel hombre al que tanto le cuestionó su ausencia en Argentina, se hizo presente en una ambulancia santiagueña para salvar a su hijo.
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