Según declaraciones de la general de brigada Effie Defrin, portavoz de las FDI, los planes estratégicos contemplan operaciones intensivas que se extenderán, como mínimo, hasta la festividad de la Pascua judía (1 de abril), con objetivos ambiciosos diseñados para debilitar de forma sistémica al régimen de Teherán. “No trabajamos con un cronómetro, sino con metas claras de destrucción de infraestructura y capacidades de mando”, precisó la funcionaria, tras confirmar más de 400 oleadas de ataques aéreos que han desmantelado centros de la Guardia Revolucionaria en ciudades clave como Hamadán.

Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump reforzó la línea dura al afirmar que no existe posibilidad de acuerdo con Irán en el corto plazo, argumentando que las condiciones actuales carecen de la solidez necesaria para garantizar el abandono de las ambiciones nucleares persas.
Con un estilo provocador, el mandatario estadounidense se jactó de la destrucción total de la isla de Jarg, un punto neurálgico para la economía iraní, advirtiendo que los ataques aéreos sobre posiciones estratégicas continuarán. Esta postura de “presión máxima” militar coincide con el bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, lo que ha generado una crisis energética global de consecuencias imprevisibles.

La respuesta de Teherán no se hizo esperar y alcanzó niveles de violencia retórica inéditos. La Guardia Revolucionaria emitió un comunicado en el que juró “perseguir sin descanso” y asesinar a Benjamin Netanyahu, calificándolo de criminal. En sintonía con esta amenaza, el régimen lanzó su oleada número 54 de ataques, marcando el estreno operativo del misil “Sejil”. Este proyectil balístico, que utiliza combustible sólido para permitir lanzamientos rápidos desde plataformas móviles, tiene un alcance de 2.000 kilómetros y fue dirigido contra centros de gestión aérea y concentraciones de tropas israelíes, representando un salto cualitativo en la capacidad de respuesta iraní.


En el plano diplomático, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, justificó los bombardeos contra bases en países del Golfo Pérsico como actos de “autodefensa”, responsabilizando a las naciones vecinas por permitir el uso de su territorio a las fuerzas estadounidenses.
Mientras tanto, el balance humano de la contienda es desolador: tras el descabezamiento de la cúpula iraní en el primer día del conflicto, incluyendo la muerte de Alí Jameneí, las cifras oficiales ya registran al menos 1.230 muertos en territorio persa. Con el horizonte de una guerra de desgaste que ya entra en su tercera semana, la comunidad internacional observa con alarma un conflicto que parece lejos de encontrar una vía de desescalada.

Fuente: Medios de Buenos Aires.
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