Más de 2.300 niños que ingresaron en Estados Unidos de forma irregular fueron separados de sus padres entre el 5 de mayo y el 9 de junio como parte de la política de “tolerancia cero” que el gobierno de Donald Trump puso en marcha este año.
Antar Davidson era empleado de Southwest Key, en Arizona, una organización sin fines de lucro que regenta varios albergues para menores en Texas, California y Arizona.
Explicó a varios medios de comunicación en los últimos días que los pequeños llegaban a estos establecimientos ya preparados, pues se les había explicado que estarían lejos de sus padres durante un tiempo pero que luego volverían a reunirse con ellos.
En una entrevista con el programa de radio Newsday, Davidson contó el momento en el que se dio cuenta de que no podía seguir trabajando en esa institución.
“La jefa de turno me ordenó que tradujera para un grupo de hermanos brasileños que estaban acurrucados juntos y llorando amargamente porque esa noche estaban a punto de ser separados, después de todo un día en el que no se les había permitido dormir”.
“Yo tenía que traducirles y decirles que iban a ser separados y en ese punto decidí: ‘No, no puedo hacer eso”, manifestó.
En un programa de la radio canadiense CBC, Davidson detalló: “La jefa de turno se me acercó muy agresivamente y me dijo: ‘¡Diles que no pueden abrazarse!‘ Y llegados a ese punto le respondí: ‘No. Como ser humano, no puedo hacer eso”.
El extrabajador aseguró que este incidente desencadenó una “serie de eventos” que le hicieron darse cuenta de una cosa: “Si me quedaba en esas instalaciones, me hubiesen seguido pidiendo que hiciera cosas que en la actualidad son inmorales según los estándares globales, no solo los míos”.
Davidson explicó que la organización tenía como política no permitir que los menores se tocaran entre ellos.
Fuente: Semana
