Anna Mae Blessing con 92 años, mató a su hijo de 72, porque no quería ir al asilo donde estaba por internarla. Una mujer fue testigo de todo. Pero la anciana, que ahora está en silla de ruedas, sorprendió al juez con el relato de su confesión. 

Fue acusada de homicidio calificado por el vínculo y de privación ilegítima de la libertad. La Policía encontró el cadáver en la casa. 

Desde la oficina del Sheriff del Condado de Maricopa confirmaron que frente al juez la asesina contó que escondió dos revólveres en los bolsillos de su bata, caminó hacia la habitación de su hijo y le disparó varias veces.  

Antes de apretar el gatillo, la mujer de 92 años le apuntó a su hijo y comenzó a gritarle. El hombre intentó defenderse y logró sacarle el arma. Pero Blessing tuvo la oportunidad de meter la mano en el otro bolsillo, donde estaba el segundo revólver, y dispararle varias veces casi a quemarropa.  

La novia de su hijo, de 52 años, también estaba en ese cuarto y declaró que se fue cuando escuchó que su suegra le recriminaba a su pareja que estaba cansada de la forma en la que la trataba. La nuera aseguró que después escuchó un disparo, volvió a la habitación y vio al hombre en el suelo, cerca de la entrada al baño. Según declaró la novia del hijo, luego también luchó con ella para sacarle el arma. 

Una vez desarmada, Blessing se sentó en su silla mecedora a esperar que llegara la Policía. Dijo que pensó en suicidarse. “Pero ya no me quedaban armas”, aseguró. 

 

Fuente: Clarín

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