El espía sin nombre entró al caso Nisman por la ventana, casi tres años después del crimen del fiscal, y quedó en un rincón del expediente. Diez meses después, la Justicia lo buscó y lo encontró: el fiscal Eduardo Taiano lo citó a declarar para este miércoles a las 10 en la causa en la que investiga la muerte de Nisman. Una muerte que para la Justicia, hoy, es un asesinato.
El espía sin nombre tiene un apodo, Cato, y fue nombrado por primera vez en la tercera declaración de Rubén Benítez, el principal de los custodios que debían cuidar a Nisman el fin de semana en que lo hallaron muerto.
Aunque Benítez declaró en el caso el 20 de enero de 2015 -sólo dos días después de la muerte de Nisman- recién se refirió a Cato en noviembre de 2017.
Contó que un día Nisman se lo presentó en un auto de la ex SIDE que usaban para custodiarlo. Y que él no hablaba mucho con el custodio sin nombre “porque yo le esquivo a esa clase de personas”.
Contó que Cato se sumó a reforzar la custodia de Nisman -en la que Benítez estaba desde 2003- junto con otro hombre de la ex SIDE apodado “Chiquito”, y que ellos “siempre viajaban en el asiento de atrás”.
Según Benítez, todo esto fue después del juicio de la AMIA que terminó en 2004. Cato siguió en su función durante más de un año hasta que un día, en la puerta de la UFI AMIA, Nisman le dijo que se volviera a su destino y Benítez no lo vio nunca más.
