El confuso episodio comenzó cuando el dueño del animal llegó a su casa luego de una jornada de trabajo. El caballo quedó suelto pero maneado para que no se vaya lejos.
Luego escucharon un estruendo, al salir vieron al equino tendido en el suelo en el patio delantero de dos casas más adelante con una herida de perdigones de escopeta en el lateral izquierdo.
El dueño de esa morada adujo que no tenía nada que ver con la muerte del animal en su terreno. Los vecino furiosos, sin creerle, quisieron hacer justicia propia.
El hombre tuvo que resguardarse en su casa hasta que llegó la Policía. Los uniformados se hicieron cargo del procedimiento.
Con la presencia de dos testigos y autorización del morador, requisaron la vivienda pero no encontraron ningún arma de fuego.
Luego el sujeto acusado fue trasladado a la dependencia policial para averiguar sus antecedentes y medios de vida, como así también realizarle la prueba de radisonato de sodio (determina si tiene pólvora en la piel) para saber si efectuó algún disparo.
