En su obra “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina”, el autor de “Las Bases” dijo cosas como éstas: “Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia, de quienes se desparraman por el resto del territorio, después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación”. Duro ¿no? Pero, como si no hubiera sido lo suficientemente claro, también agregó esto: “Nuestro pueblo no carece de alimentos, sino de educación. Y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia de hacer las cosas bien. Pero, sobre todo, se muere de pereza, es decir, de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso los mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia situación”.
¡Sin palabras! Contundente radiografía de nuestro ser nacional. Una verdad que nos demuestra lo poco que hemos aprendido. Es decir, hoy estamos casi igual que en los tiempos de Alberdi. ¿O no?…
