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Esta noche a las 22.45 por la pantalla de ElTrece llega El Tigre Verón, el nuevo desafío de Julio Chávez, realizado en asociación entre eltrece, TNT y Cablevisión Flow, y producida por Polka, que lo coloca, esta vez, en la expresión de un polémico rol político. Con actitud entusiasta, la palabra justa y la sabiduría en el relato, este enorme actor, a horas del estreno, retrata su sensación como protagonista de la miniserie centrada en la vida de un líder sindical del gremio de la carne, que deberá arriesgarlo todo al enfrentarse a la justicia y a sus enemigos del mundo patronal.

“Es otro baile en principio”, apunta Chávez con gracia, luego de que se le haga hincapié a lo disímil de El maestro, su último trabajo en 2017, en el que componía a un ex célebre bailarín de danza clásica que daba clases en una escuela barrial. “Estoy muy agradecido porque ¿Qué más quiere un actor que confíen en uno para poder llevar diferentes transportes como es un cuentito? Estoy muy interesado. Son asuntos nuevos, una ficción nueva te hace preguntas, te pone en jaque en relación a determinadas cuestiones que vas a elegir. Cómo lo vas a relatar, qué modelos vas a elegir, con qué venís vos anticipadamente en tus opiniones”, resalta quién quizá, parte de su mayúsculo rédito, se deba a superarse en cada intento sin quedarse en la miel de ninguna gloria pasada.

“Cuando me llegó la propuesta me puse a leer. Porque cuando uno elige los elementos que cree que va a necesitar para la comida para hacer lo que tenés que hacer, te das cuenta de que te llenaste de elementos que no van a ser lo que vas a necesitar para el cuentito”, revela este número uno de la televisión, del teatro y del cine.

“Cuando llega el capítulo dos, 3, 4, te das cuenta que no te sirvió eso a priori. Es el hombre con sus cuestiones. Y cada tanto aparece el decorado del sindicalismo porque tiene que ver con cosas del sindicalismo”, dice de la propuesta que cuenta con un elenco integrado por Marco Antonio Caponi, Andrea Pietra, Manuel Callau y Muriel Santa Ana en los papeles centrales, acompañados por Alejandra Flechner, Diego Cremonesi, Roberto Vallejos, Sofía Gala, Esteban Masturini, Nina Spinetta y Ailín Salas.

Julio Chávez le pone gracia y contenido a cada expresión. Conocer de qué modo articula su arte (al que compara con la preparación de una comida) y cómo reúne cada herramienta para llevarlo a cabo, describe y revaloriza aún más su tarea. “Fui a buscar a un sindicalista de la carne y tuve una reunión con él y su equipo y fue muy útil para mí”, cuenta sobre ‘el trabajo de campo’ que realizó para colocarse en la piel de Miguel El Tigre Verón, un experimentado sindicalista, al frente de la UTCA (Unión de Trabajadores de la Carne). “Me sirvió no porque hablé del sindicalismo sino porque se me presentó un ser humano que dice ser sindicalista y lo es, pero es muchas más cosas además de un sindicalista”, sostiene.

Lejos de su investigación para la flamante ficción escrita por Germán Maggiori y Marcos Osorio Vidal y bajo la dirección de Daniel Barone, la postura del hacedor de ciclos como Trátame bien, El puntero, Farsantes, Signos y El maestro, entre tantos, parece muy diferente. “No tomaría un café ni con Moyano ni con nadie. Tengo mucha fijeza en mantener mi espacio y tiendo a no mezclar las aguas porque empezaría a establecer compromisos con determinadas cuestiones y a la hora de hacer mi comida me va a influenciar y me va a quitar la poca libertad que yo puedo llegar a tener. Y yo no quiero ser un esclavo”, deja en claro este intérprete que en agosto estrenará Después de nosotros, su tercera obra de teatro en coautoría con Camila Mansilla (tras Un rato con él e Inés) junto a Cecilia Roth.

Después del éxito de El Puntero en 2011, no resultan extrañas las asociaciones o comparaciones en torno a la actual figura de El Tigre Verón. Pero Chávez, aparta los tantos de manera serena y deja que el solo peso de la trama demuestre lo contrario. “No tiene que ver con El Puntero. Primero confío en que la historia misma se va a encargar de separarlo. No hice ningún trabajo de tensión ni de exceso de fuerza porque, de entrada, sé que es distinto. Primero pasaron 10 años y la papada misma me va a separar”, se ríe.

“Hay algo ahí que el laburo empieza a decir. No me he ocupado de hacer ninguna fuerza negativa porque hay una energía como animal y líder que tienen los dos. Sería un error no permitir que aparezca una cierta energía”, advierte este genial artista.

“Hay una gran diferencia. El Puntero vivía en la villa. El Tigre Verón vive en el sindicato. El Tigre es como un Puntero aburguesado. Es en la ficción nuestra un bagre gordo que ya está en condiciones incluso de invernar y tiene lo necesario. Tiene sus hijos grandes, tiene su lugar, tiene su poder, tiene sus amigos, sabe del asunto y parece ser que se va a jubilar. Ese es el cuentito. Pero la vida le trae problemas en lugar de replegarse y ceder. La vida hace que lejos de jubilarse tenga que volver a salir y enfrentar nuevamente”.

“Con Suar tenemos estéticas diferentes”

“Me sorprende seguir trabajando con Adrián porque sigo siendo un ignorante de lo que es la naturaleza humana. Al mismo tiempo no me sorprendería nada que esta sociedad se diluya. Porque parte de la construcción es la autonomía”, indica este actor, director y dramaturgo del vínculo laboral que ha sabido forjar junto a Adrián Suar, como productor de muchos de sus trabajos y en la dupla teatral de la anterior pieza Un rato con él.

“Yo me siento gustoso y al mismo tiempo autónomo. Porque además he podido ejercer mi oficio de manera autónoma. Entendamos una autonomía, una cierta autonomía, no estamos hablando de la revolución. Yo lo quiero mucho a Adrián, me siento su amigo, no es un familiar, incluso tenemos estéticas completamente diferentes, pero no se sienten amenazadas y eso me gusta también”, confiesa Julio Chávez.

“Yo lo puedo observar con su cintura siempre inamovible y su chupín, y además de envidia me produce una especie de simpatía. Es una persona simpática. Es una persona que miro y a veces no tiene mucho que ver conmigo y me gusta que exista. No es una amenaza para mí’, asegura.

Respecto de su recurrente labor en Pol-ka dice “Cuando me han llamado de Underground o de otra productora no he podido. Pero no haría ningún movimiento por modificar las cosas. Así como estoy está muy bien”. Y hablando de continuidades, sobre su permanente elección de Daniel Barone como director dice: “Exigir es ser esclavo. A mí me gusta mucho trabajar con Dani. Le tengo un profundo respeto. Ellos creen que no haría otra cosa sin él. Dejo que lo crean”, dice sonriendo).

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