Mario trabajó dentro de los rubros de la física, la epistemología y la filosofía. Se definía a si mismo como un filósofo realista, cientificista y sistemista. Era defensor del realismo científico y en más de una ocasión manifestó públicamente sus críticas a lo que denominaba pseudociencias, como el chamanismo, el psicoanálisis, la homeopatía, entre otras.
Bunge dedicó su vida al estudio y la investigación, lo cual le valió varios reconocimientos. Recibió veintiún doctorados honoris causa, cuatro profesorados honorarios en Europa y América, el Premio Príncipe de Asturias, la Guggenheim Fellowship y dos Konex, entre otros títulos. A su vez, era miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y de la Royal Society of Canada.
Fue profesor de física teórica y filosofía, en la Universidad de La Plata y luego en la Universidad de Buenos Aires. Cuando se mudó a Montreal se dedicó a dar clases de lógica y metafísica en la Universidad McGill, donde se desempeñó como docente desde 1966.
También se desempeñó en la escritura de libros, entre ellos “La ciencia, su método y su filosofía”, donde esboza las bases del método científico; o “La investigación científica”, un manual publicado en inglés en 1967. Entre sus textos se destaca el Tratado de filosofía básica, donde busca abarcar todos los campos de la filosofía contemporánea, haciendo foco en el conocimiento científico.
Si bien se destacan en sus trabajos el realismo, el materialismo, sistemismo y cientificismo. Para el ensayista, el realismo científico abarcaba aspectos gnoseológicos (la realidad es intangible), ontológicos (las cosas existen más allá de que el sujeto las conozca) y morales (hay hechos y verdades morales, desde un punto de vista objetivo).
Tenía una visión crítica de los filósofos existencialistas. “No se basan en la idea de vivir y entender el mundo. Desprecian la ciencia y la matemática. Es una doctrina sombría que sólo sirve para deprimirse, destruirse, destruir” expresó en una entrevista que se le realizó en 2019, donde también habló sobre el desarrollo del pensamiento crítico como principal objetivo de la educación. “El sistema educativo no exige pensar: sólo memorizar. Un concepto se retiene en la memoria, pero nadie se pregunta qué significa. Ni lo refuta, que es peor. Pero no es un mal exclusivo de la Argentina. En general, las ideas más importantes están ausentes en los programas”.
Fuente: Infobae.-
