Cuando una persona muere deja un vacío irreparable. En el caso de Rodolfo Adolfo Blanco es aún mayor: el 3 de marzo de 2020 lloró su partida y no será un día más. Fue un tipo que vivió apasionado por su profesión de árbitro, canillita y periodista.
“Siempre me sentí un periodista del tablón, y así voy a morir”, confesó el Maestro en una de sus últimas entrevistas en Radio Popular.
Sin dudas, “Don Rodo” fue un ejemplo permanente, con muñeca de educador, con sus compañeros de trabajo y amigos de la vida. Vivió siempre preocupado por el prójimo, desinteresado, respetuoso, con una sonrisa, celebrando y buscando la alegría ajena.
¡Hola! ¡Idolooo! Era su característico latiguillo a toda persona que se presentaba para saludarlo. Su bolso blanco, su gorra, su celular retro blanco, con su papel, su lapicera; fue su oficina y universidad móvil para llevar la información permanente a su amada audiencia del deporte.
Vivió defendiendo al fútbol de San Luis, contra viento, frio, calor y lluvia. Contra todos los imponderables. En moto, taxi o colectivo, estaba allí, con Zoilo, su asistente infaltable, para tener la “posta” en cada cancha puntana.
En marzo de 2019 llegó el reconocimiento para que el torneo Apertura lleve su nombre. Desde ese mes hasta agosto, disfrutó el afecto de toda la provincia. En el mercado, en la farmacia, en la calle, en cada escenario, con sillas y mesas dentro del campo de juego, al estilo Diego Maradona, mimaban al maestro, casi como un “jeque” puntano, al estilo Diego Maradona, para que disfrute y esté cómodo.
Respetuoso y crítico, cuando había que serlo: lo era, por su enorme capacidad, y “no se comía los mocos”. Hace poco tiempo, en GEPU – Unión, se metió dentro de la cancha, para avisarle al árbitro que había que respetar el horario de comienzo de juego, con rol de maestro, siempre intentó mejorar el fútbol sanluiseño. O como cuando viajó a Villa Larca y descubrió que el escenario no estaba en condiciones para jugarse un partido oficial del Torneo Regional Amateur. Fue un defensor a ultranza del reglamento, como pocos, para él era palabra santa.
Este 8 de marzo Rodolfo cumpliría años. En el mes de julio de 2019 se cumplieron 20 años de la partida de su amada madre, Crispiniana, y en ese momento confesó a los íntimos y compañeros de trabajo, que la extrañaba horrores y más aún, en esa fecha tan especial.
Llegó el final del certamen, Sportivo Villa de La Quebrada, el equipo que “El Oráculo” había anunciado que iba a ser el campeón, cuando nadie veía ese desenlace, terminó llevándose el título, por sobre su querido segundo equipo, CAI San Luis.
Sus ojos captaron cada detalle, sonido, aplauso, y cada mimo de todo el estadio “Juan Gilberto Funes”, el de TODOS, como decía en cada audición de la radio, el escenario bautizado con el nombre de su querido amigo, el Búfalo puntano. Ese 24 de agosto de 2019, Rodolfo empezó a despedirse, sin que nadie lo supiera. En la nota del final del partido siguió recordando a su madre.
Pasaron los días, y su salud empezó a deteriorarse, como las hojas de un árbol que las pierde en otoño. Llegó el brindis de fin de año y el maestro miró a todos los integrantes de la radio y manifestó que su tarea estaba cumplida, y que dejaba un equipo fuerte para continuar con su legado, el esfuerzo de 20 años al frente de Pasión Deportiva, el programa que lleva el “ADN de Rodo”, PASIÓN, como la que utilizó siempre para su vida.
Horas antes de su muerte, se despidió de todos sus afectos. La partida de otro familiar cercano, en las últimas horas, lo afectó y mucho. Ese martes 3 de marzo se quiso ir alegre. Le pidió a su hija Natalia, cantar: “Sabalee” …” (la canción de los Palmeras) Soltó la mano de su hija Natalia y dijo: “me voy…”. Quería ir a ver sus seres queridos, a sus padres, hermanos, y a descansar.
Rodolfo vive en la memoria de la gente que lo recordará siempre. En sus familiares, amigos, jugadores y ex jugadores puntanos a los que defendió siempre; a los árbitros, periodistas, público en general, para los que siempre tuvo una sonrisa, un consejo, una ayuda y un abrazo.
Ese fue el éxito de Rodolfo. Rodeado de gente que lo quiso, y que, frente a las adversidades y críticas de algún trasnochado, lo solucionaba con una sonrisa. Si alguien hablaba mal de otro, se iba, y cortaba con ese mal clima.
Se extrañará todo de Rodolfo. Su ritual cristiano de saludar y rezar en la radio frente a la Virgen y al Santo de La Quebrada. Fue una de sus tantas marcas registradas. Que le conecten el retorno en su celular retro. Su gorro de Brujito, o cuando se ponía sus lentes para leer, su saludo de apertura y de cierre, con el agradecimiento a panadería Andrea. La lista es interminable.
Desde el martes 3 de marzo de 2020 Rodolfo Blanco es una leyenda especial en San Luis. Seguramente este domingo 8 de marzo estará celebrando, junto a su mamá, a la que extrañaba y mucho, a su padre, a sus hermanos y a Juan Gilberto Funes, a quien siempre recordaba con emoción.
Nicolás Morente
