Preparar bien la tierra es el primer paso para crear un huerto
El suelo es el lugar donde crearemos el huerto. Está formado por minerales, agua, aire y materia orgánica. Para que los elementos que lo forman estén en disposición de acoger las plantas, hay que preparar bien la tierra.
3 operaciones fundamentales para conseguir nuestro objetivo
Este trabajo se resume en tres operaciones esenciales: el desherbado, la aportación de nutrientes o abonado para mejorar la tierra, y la labranza, o dicho de otra forma, la tarea de remover la tierra. Cada una de estas operaciones puede realizarse de
Desherbado: el primer paso para crear un huerto
A final de la temporada, las hierbas invaden el huerto, o si éste aún no existe, aparecen de forma espontánea. Conviene eliminarlas para dejar sitio a futuras siembras y plantaciones. Para ello existen dos técnicas principales que deberían efectuarse antes de la llegada del invierno. La primera consiste en formar terrones con ayuda de una horquilla. Intentando no romperlos les daremos la vuelta. De este modo, las raíces quedarán hacia arriba y los tallos y hojas hacia abajo. Al verse privadas de luz, las hierbas se marchitarán y morirán de manera natural y sin necesidad de utilizar ningún tipo de producto químico. La segunda técnica consiste en cubrirlas con una lona o mejor aún, con una malla antihierbas. Este material plástico de color negro tiene la ventaja de dejar pasar el agua pero no la luz. Al cabo de pocas semanas, las hierbas se marchitarán por falta de luz. Estas dos técnicas se practican habitualmente desde un punto de vista ecológico, aunque también sirven para la preparación clásica del suelo.
Otra técnica más clásica, consiste en arrancar las hierbas con ayuda de un escardador, una azada y de una gubia de espárrago para las plantas con raíces más profundas. Para arrancarlas manualmente es conveniente sujetar bien la planta por el cuello o la parte baja del tallo. Hazla girar sobre sí misma y tira hacia arriba para extraerla. Para finalizar, se pueden cubrir las hierbas con restos de la siega realizada con un cortacesped o por los restos vegetales que hayas introducido en un triturador de ramas o desechos vegetales. Esta capa de mantillo debe cubrir enteramente las hierbas y tener un espesor superior a 5 centímetros para ser eficaz. De otro modo, podrían rebrotar y estropearnos el trabajo.
La mejora del suelo para preparar el terreno
La tierra del huerto debe ser rica en materia orgánica y en minerales. Es importante que retenga suficiente agua y al mismo tiempo, permita un buen drenaje. Un suelo arcilloso retiene demasiada agua y puede dañar a las plantas por exceso de humedad. Por el contrario, si la tierra es arenosa drenará demasiado rápido y los cultivos podrían sufrir por falta de agua. La mejora o solución pasa por encontrar un buen equilibrio. En suelos arcillosos es necesario añadir arena de río.
En suelos arenosos hay que tener previsto un aporte de compost, de estiercol de caballo. Algunos cultivos como las zanahorias, espinacas, brócolis o incluso los guisantes, se cultivan bien en suelos arenosos, siempre que se rieguen regularmente y tengan el aporte adecuado de materia orgánica.
En cualquier caso, y para todos los tipos de suelos, resulta indispensable el aporte de materia orgánica. Para ello hay que realizar un aporte de 5 a 20 litros de compost por metro cuadrado en función de si el suelo es fértil o pobre en materia orgánica. Se puede incorporar mantillo específico para hortalizas siguiendo las recomendaciones del fabricante. La incorporación de fertilizantes orgánicos granulados, cuernos triturados o sangre seca como complemento también resulta recomendable. Tienen la ventaja de ser ricos en nitrógeno y permanecer durante mucho tiempo en la tierra. Hay que tener en cuenta que se puede elaborar fácilmente compost casero con ayuda de un compostador, una técnica utilizada para los cultivos biológicos.
Labrar: la operación previa a la plantación
Antes de plantar las hortalizas hay que labrar, es decir, voltear y revolver la tierra. Esta operación es indispensable porque sirve para airear la tierra y repararla, es decir, hacerla más suelta, lo que facilita el desarrollo de las raíces.
La horquilla permite revolver la tierra en profundidad aunque se requiere más tiempo para realizar esta operación. Sin embargo, su utilización permite preservar la microfauna, especialmente las lombrices de tierra. Son muy beneficiosas para el huerto por su acción de oxigenación de la tierra y aporte de materia orgánica. Para un resultado óptimo, después de revolver los terrones de tierra hay que desmenuzarlos. Los golpearemos con el borde de una herramienta, con la parte plana de un rastrillo, etc. La azada o horca de doble mango permite preparar la tierra en profundidad sin alterar la composición y estructura original del suelo, dejando casi intacta la microfauna. Se utiliza principalmente en los huertos ecológicos. Es muy fácil de utilizar, y uno de sus mayores atractivos es que no hay que encorvar la espalda. La técnica es muy simple: basta con presionar el pie encima para hundir los dientes en la tierra y tirar hacia atrás. A continuación se levanta la herramienta, se retrocede unos centímetros y vuelves a realizar el proceso.
¡Sigue paso a paso estos consejos y la próxima temporada podrás disfrutar de las mejores frutas y hortalizas!
Fuente: Mano a mano.
