En la tarde de este miércoles, familiares, vecinos y docentes se reunieron en la placita del paseo Cruz de Piedra, a metros del hogar donde vivían Sofía (7) y Bautista (2), para rendirles homenaje a un año del crimen que sacudió a la provincia de San Luis. Colocaron una placa recordatoria y plantaron un árbol en el espacio al que los pequeños solían llamar “mi placita”, lugar donde compartían juegos y mates con sus abuelas.
En un acto cargado de emoción, hablaron Nancy Rosales, abuela paterna de Bautista, y Coca de La Rocha, abuela paterna de Sofía. Ambas recordaron con profundo amor a sus nietos y reiteraron su clamor de justicia y condena perpetua para Marina Abigail Silva, madre de los niños y autora del crimen.
“No entendemos cómo una mamá puede matar a sus hijos de la forma en que lo hizo y todo tan premeditado como lo hizo. Duele, duele muchísimo”, expresó Coca entre lágrimas una vez finalizado el acto, quien recordó a Sofía como “una nena buena, una nena que siempre acataba lo que vos le decías, nunca hizo drama de nada. Habilidosa con sus manitas, muy compañera conmigo. Amaba a su papá y a su mamá, a los dos. Era todo su mundo”.
Por su parte, Nancy describió a su nieto Bautista como “un angelito de Dios que no tuvo mucho tiempo, pero dejó muchos recuerdos porque estuvo mucho en mi casa y fue un ángel de Dios que sacó el bebé que teníamos la familia”. Seguidamente manifestó “queremos justicia y yo le he pedido a Dios que me dé fuerza porque yo quiero estar ahí también cuando le den la condena y todo porque necesitamos, por lo menos, que ella se pudra en la cárcel”.
Las familias mantienen viva la memoria de los pequeños, mientras esperan que el juicio, que se desarrollará entre el 13 y el 21 de octubre, imponga la pena máxima. La acusación es contundente: homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía, agravado por el uso de arma de fuego en concurso real, con pedido de prisión perpetua sin acceso a libertad condicional.
Después del homenaje, también habló Aimara Colocho, maestra de Sofía, quien entregó a la abuela un cuaderno de tareas que había quedado guardado en el armario del aula. “Ella siempre fue muy dulce, muy tierna y tener una alumna como ella la verdad que uno nunca se olvida. Todos los días con su saludo especial, los chistes que hacíamos, su forma de querer aprender”, sostuvo.
“Junto con ayuda del hospital, el año pasado cuando pasó todo esto, hicimos una suelta de globos también para recordarla y que los chicos sobre todo pudieran entender esta parte de del duelo porque ellos son muy chiquitos para asimilar la muerte, así que hemos tenido ayuda psicológica porque es algo muy difícil de poder entender para un adulto y sobre todo para los niños, así que bueno, el mensaje yo creo que es de todos los compañeros que todos los días la piensan, todos los días la extrañan y todos los días quieren jugar ellos en el patio”, compartió conmovida.
El filicidio, cometido por Silva el 1 de octubre de 2024, fue minuciosamente planeado. La ex policía, que había abierto una garrafa para adormecer a los niños, les disparó a quemarropa mientras dormían, dejando cartas y mensajes que detallan un crimen sin atenuantes.
El crimen, que sacudió a la provincia por su crueldad y planificación, dejó pericias clave que complican gravemente a la imputada: balística, caligrafía, residuos de pólvora y cartas manuscritas que detallaban su decisión. Según la investigación, Silva utilizó su arma reglamentaria. La acusada permanece detenida desde el 1 de octubre de 2024, cuando fue encontrada en inmediaciones del dique Cruz de Piedra con el arma en la mano y una sábana junto a ella.
“Ni le dirigiría la palabra, yo solamente con la mirada le diría: ‘asesina’. Nada más. No merece ni siquiera que la miremos”, dijo Coca con firmeza y comentó que “nunca esperé una actitud de ese tipo porque, la nena estando en casa, en la mañana me preguntaba ella cómo estaba la nena, qué estaba haciendo en la tarde, en la siesta, en la noche, a la mitad de la noche, preguntando si dormía; era una mamá que estaba siempre presente”, lo que le llevó a preguntarse “¿cómo puede haber hecho una cosa como la que hizo?”.
“Nunca pensé que podía hacerlo. Y que lo haya premeditado todo, tan premeditado como fue, porque ni siquiera los chicos dormían en la cama de ella. Los chicos dormían, cada uno en su camita. Y tuvieron la posibilidad de dormir en la cama grande y estarían contentos porque iban a dormir con la mamá”, pensó.
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