Luego de más de cinco años de espera, la profesora de fitness y excampeona puntana de fisicoculturismo Gabriela Fernández Aberastain (41) pudo finalmente sentarse frente a un tribunal a relatar su calvario. Este lunes se puso en marcha en la ciudad de San Luis el juicio contra Diego Olivieri (48), su expareja, y Tatiana Yaccarinni Iascula (33), ambos acusados de amenazas, difusión de material íntimo y desobediencia judicial.
Gabriela creyó que su caso quedaría en el olvido. Con la prescripción rondando agosto por tratarse de un delito menor, asumía que la causa quedaría archivada sin justicia. Pero a mediados de junio, una noticia inesperada reavivó sus esperanzas: su abogado le informó que el juicio oral finalmente tendría lugar el 1° de agosto, en San Luis.
El Tribunal rechazó el pedido de prescripción planteado por la defensa, que argumentaba dilaciones excesivas en el proceso. Así, ratificó lo dispuesto por la jueza de Garantías N.°4, Luciana Banó, y confirmó la elevación de la causa a juicio. La audiencia estaba prevista para comenzar ese viernes, pero los acusados presentaron un certificado médico y la instancia fue postergada hasta hoy, según indicó el abogado querellante, Santiago Olivera Aguirre.
Olivieri siguió el proceso conectado por videollamada; Yaccarinni asistió en persona. En la sala de juicio, Gabriela fue la primera en declarar. En diálogo con Radio Popular, relató cómo su vida se desmoronó cuando aquel video fue compartido en redes sociales, grupos de WhatsApp e incluso llegó a portales pornográficos.
El caso se remonta a abril de 2020, en plena cuarentena por el COVID-19. En ese entonces, un video íntimo que Gabriela había compartido con Olivieri durante su relación fue viralizado, según la acusación, como parte de un plan orquestado por despecho. Con la población confinada y volcada a internet, el material se convirtió en el blanco de las burlas.
“Él me decía que quería volver conmigo, pero estaba en pareja con Tatiana Yacarini. Me amenazaba con mandarle el video a ella, diciéndome: ‘Mirá que ella es malísima, lo va a publicar y te va a escrachar’. Así me hostigaba”, recordó Gabriela, que también denunció haber recibido amenazas contra sus hijos.
“Perdí trabajos, perdí la pertenencia en ciertos círculos, fui señalada, fui marcada, fui sinónimo de burla porque cuando sos expuesta de esta manera siempre sos el foco de las burlas. Me costó mucho que las personas pudieran cambiar esa mirada y empatizar y, por ahí, ocurrírseles que yo estaba sufriendo y que fui víctima de un violento que hizo un plan junto con otra mujer para destruirme la vida con el goce única y exclusivamente de que yo sufra”, lamentó la mujer.
Lo que podría haber quedado como un acto íntimo entre dos adultos se transformó en una agresión digital sistemática. De acuerdo con el expediente judicial, Olivieri habría comenzado a hostigarla luego de la separación, amenazándola con mostrarle el video a su nueva pareja. Yaccarinni, por su parte, no solo habría recibido el archivo, sino que fue quien presuntamente lo publicó, según la fiscalía.
La alerta llegó cuando uno de sus hijos, de apenas 9 años, recibió en Instagram un mensaje anónimo con un archivo adjunto. Aunque no lo abrió, acudió a su madre. Gabriela, al comprender de qué se trataba, vivió uno de los momentos más dolorosos de su vida. Era “la comidilla de todo el pueblo, que es bien conservador”, dijo la víctima, quien añadió: “mi desnudez estaba en boca de todos; me enjuiciaban como mujer, como madre, como amiga, como trabajadora. Era como si me hubiera violado todo un pueblo delante de mis hijos”.
Lo que siguió fue aún más perturbador: recibió mensajes cargados de odio y amenazas. Según su relato, la acusada creyó que el video había sido enviado como una forma de reconquistar a Diego, y comenzó una campaña de hostigamiento y acoso. “Ella enloqueció, pensaba que yo le había mandado ese video recientemente y él le llenó la cabeza, como que yo quería volver con él y buscaba acercamiento de esa forma… Y se dio manija con ayuda de él y me empezó a escribir las peores cosas, con una maldad y perversión sin filtro: ‘Diego es mío, siempre lo fue (…) Te voy a hacer m… y tus hijos van a tener un accidente. Vas a sufrir hasta que te mueras'”, fue uno de los mensajes que recibió.
La viralización afectó profundamente su salud mental: cayó en depresión, sufrió ataques de pánico y fue rechazada de espacios laborales y deportivos. “No volví a competir en fitness porque hay que tener cierta estabilidad emocional porque es muy exigente y, aparte de los recursos económicos, al haberme quedado sin trabajo, no lo pude seguir abordando, pero sí sigo entrenando firme todos los días de mi vida y a veces hasta dos veces por día. Mis hijos, mis padres y la actividad física me han acompañado”.
“Yo pasé por muchas etapas, tanto físicas como emocionales. Esto es muy nocivo, es muy destructivo porque este delito es tan canalla como sus ejecutores, porque pone la vergüenza en la víctima y no en los responsables; atacan lo más personal que tenemos, que es el cuerpo, y en su desnudez, que es lo más vergonzoso que existe. Entonces, ha sido muy duro porque yo tuve que reconstruir no solo la relación conmigo misma, sino mi psiquis, mis ganas de vivir para estar sana, para estar fuerte por mis hijos”, contó la víctima.
Este juicio por pornovenganza se convierte en el segundo en su tipo en el país. El primero fue el del tatuador Patricio Pioli en La Rioja, en 2021, también condenado a cinco años de cárcel efectiva por difundir material íntimo de quien fuera por entonces su pareja, Paula Sánchez Frega.
Finalizada la primera jornada del proceso, Gabriela dejó en claro que no busca venganza, sino reparación. “Estoy nerviosa, estoy entusiasta de que haya justicia por fin, de que los condenen, de que marquemos un precedente que va a ser histórico para que esto no le pase a más nadie y sobre todo para poder volver a vivir tranquila, en paz, sin sentir tanta humillación y vergüenza como he vivido todos estos años. Creo que el estigma no se me va a ir nunca, pero que haya justicia es una manera de aliviarme a mí, a mis hijos y a mi familia”, expresó la víctima.
El juicio continuará su segundo día de audiencia el martes 5 de agosto con nuevas declaraciones y quedó a cargo del Tribunal Unipersonal de San Luis, integrado por el juez Ariel Gustavo Parrillis. El fallo podría marcar un precedente judicial en Argentina, donde este tipo de delitos aún navega en zonas grises.
“Yo tengo la certeza de que no cometí ningún delito, independientemente de que puede ser opinable vincularte íntimamente de determinada manera con alguien. No es ningún delito, fui víctima de una persona que decidió viralizarme para hacerme daño”, sentenció Gabriela.
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