El templo de adobe de 1797, donde San Francisco Solano dejó su huella, no resistió las tormentas. Desde 2024 la comunidad celebraba misa a la intemperie por el peligro de derrumbe que finalmente se concretó.
El templo de adobe de 1797, donde San Francisco Solano dejó su huella, no resistió las tormentas. Desde 2024 la comunidad celebraba misa a la intemperie por el peligro de derrumbe que finalmente se concretó.