Una argentina filmó en una playa de Brasil cómo el mismo choclo cambia de precio según el idioma del cliente: en “brasilero” costaba 20 reales, pero al hablar en castellano subía mágicamente a 30.
Una argentina filmó en una playa de Brasil cómo el mismo choclo cambia de precio según el idioma del cliente: en “brasilero” costaba 20 reales, pero al hablar en castellano subía mágicamente a 30.