Site icon Radio Cadena Popular San Luis

Aborto: Lo que hay que decir, ya está dicho

A quienes han introducido en nuestra sociedad el lamentable debate sobre el aborto (si se quiere, sobre “algunos aspectos” del aborto, como su “despenalización, que es lo mismo, pues se trata del aborto al fin de cuentas), vendría muy bien no solo leer —o releer, según los casos—, sino meditar serenamente el párrafo más solemne de todo el Magisterio católico sobre este tema.

Lo escribió san Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae, después de una amplia exposición de la doctrina no solo católica sino también racional sobre el tema en cuestión (porque esto no es materia de fe, ni de religión, aunque la fe y la religión puedan arrojar más luz a la que ya aporta la razón humana, siempre y cuando esta no haya sido anegada en el diluvio asolador de las ideologías). No se puede leer este parágrafo sin percibir la gravedad con la que está redactado, ni sentir el peso de cada frase y de cada palabra:

“Por tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal (Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium, 25).

La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de la justicia y de la caridad. «Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Iura et bona, sobre la eutanasia (5 mayo 1980), II: AAS 72 (1980), 546)” (Encíclica Evangelium vitae, n. 57).

 

Fuente y Redacción: Radio Cadena Popular, Presbítero Miguel Ángel Fuentes

Exit mobile version