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Cuando los hijos crecen y nosotros los padres no nos damos cuenta que tienen que volar solos.

Que tan cerca está la imagen de acordarte cuando tenías los 18 años y no sabías que iba a ser de tu vida, en algunos casos dejabas tu familia y tomabas nuevos horizontes, a probar suerte se decía en esos tiempos y con el paso del mismo, siempre recorría por nuestras mentes cuando volvería a ver a mis amigos, compañeros de escuela y a los conocidos del barrio y la vida se nos va escapando, porque la mente empieza a pensar en un contexto por demás diferente, la nueva vida que se aprecia al horizonte, el encontrar otras costumbres, otras personas y sobre todo las responsabilidades de saber que estas lejos de tus afectos y debes tratar de tener una vida sana y de aprovechar todas las oportunidades que te ofrece una nueva ciudad.

Al principio nos separan los recuerdos y las nostalgias de haber dejado un amor en casa y de saber con certeza de que mama y papa, siempre van a estar pendientes de nosotros, pero que a la larga o la corta, tenemos que saber vivir si la presión de tener que estar debajo de la pollera o el pantalón de los viejos y eso cuesta, pero al paso de tiempo nos hace madurar y ver las cosas desde otra óptica, porque estando lejos de la casa, tomamos más precauciones y nos fijamos mejor de quienes pueden ser nuestras amistades y no ser por demás gentil y creernos que todos nos admiran y quieren estar a nuestro lado.

Los primeros pasos son difíciles de dar, pero no imposibles, es que hay que estar preparados del lado de padres de que los hijos no pueden estar atados a nosotros y que le debemos dar una oportunidad en la vida, para que ellos mismos puedan experimentar de cómo es salir del calor interior de nuestra casa y encontrar un panorama por demás distinto y al cual hay que vencer y crecer, pero nosotros no nos tenemos que quedar de brazos cruzados y darles nuestro apoyo y encontrar una comunicación de amigo y que se sientan respaldados durante su nueva etapa de sus vidas.

No es fácil aceptar que tu hijo creció y menos que se valla de tu seno, pero es más importante que ellos te vean bien y que no te encuentren llorando en un rincón de la casa, porque la pena va a ser muy dura de levantar y nosotros no sacamos nada y ellos se deprimen y tiran todo por la borda, no seamos envidiosos y dejemos que a pesar de la tristeza que nos da que el nene se valla, seamos honestos y entendamos que a nosotros de una manera u otro, también tuvimos ese momento de pensar que hago, me voy de casa, dejo todo y voy en busca de mi futuro y nadie se opuso o por el contario no se animaron a ponernos trabas para que nuestro sueño se hiciera realidad.

Siempre hay que estar del lado de nuestros hijos, darles nuestro apoyo, brindarles un hombro que les permita llorar, disfrutar y sufrir de las cosa lindas de la vida y tener la mente y el corazón abierto de que siempre vamos a tener a nuestros hijos con nosotros, aunque no físicamente, pero si todos los días de nuestra vida, en los pensamientos, recuerdos y vivencias que tuvimos a lo largo de la crianza de los nenes, que ahora son todos unos hombres.

Por Hector Orozco

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