Tantas oportunidades hemos escuchado de que existe el cuco, quien será decíamos nosotros cuando chicos y en varias ocasiones preguntábamos que si nos habíamos portado mal, vendría él y no llevaría, hasta ese momento el miedo nos recorría todo nuestro cuerpo, porque no sabíamos con certeza si había un ser maligno, que nos quería llevar por habernos portado mal o habíamos mentido a nuestros padres.
Creo que todos hemos pasado por este momento aterrador, que se encontraba al final de un pasillo, en el medio de la penumbra, o en el ático de una casa, donde ni si quiera nos atrevíamos a subir las escaleras, para sacarnos la duda de quién habitaba allá arriba y que solo las personas mayores podían ir y venir y que nadie los iba a asustar.
Pero de niño no tenemos tanto coraje para desafiar a lo que nuestros padres nos decían, éramos más callados y sumisos, esperando que un hermano mayor pudiera contarnos que no existía el cuco y que solo nos hacían creer para que nos portásemos bien y obedeceríamos a nuestros padres.
Siempre ponemos de escusa que te va a llevar el cuco y cuando ya vencimos el pánico de saber si existe o es solo una manera de asustar a los niños, nosotros nos ponemos en la misma situación cuando somos padres, porque es más sencillo hacerles creer a los pequeños que hay una persona que nos está mirando y que si no hacemos lo que nuestros padres nos indican, vendrá y nos llevara y no es tan así pasa que los miedos siempre están presentes, no de forma de cuco, pero hay momentos de nuestras vidas que el miedo pasa a ser terror o pánico, de no saber qué hacer ante una situación límite.
Los primeros momentos de miedos los encontramos al rendir un final de una materia de la escuela o facultad, se nos produce un abismo en el cerebro, se nos olvidan los conceptos estudiados y no sabemos qué hacer, sería más fácil que nos digan valla a su casa y prepárese mejor, pero creo que hay que vencer esos momentos, porque siempre se nos van a presentar temores durante nuestro recorrido por la vida, algunos con mejor suerte que otro, pero donde debemos tener el temple adecuado para salir airosos de estos momentos, donde la adrenalina del cuerpo hace que nos sintamos súper héroes.
Siempre hay que tratar de estar preparado para recibir cosas buenas y malas, no siempre los caminos son los más soñados, pero sabiendo que la realidad es muy distinta, nos vamos preparando para encontrar personas por demás miedosas y temerosas de que siempre les va a pasar algo y es ahí el momento preciso donde debemos encontrar la paz y el orden para vencer ese pequeño instante que a veces, nos puede dejar marcados de por vida.
El mayor de los miedos es el salir del cuidado de la casa y encontrar puertas afuera muchas cosas, que no sabíamos que existían, las habíamos escuchado en los medio de comunicación, en el almacén, en el banco, etc pero en nuestro diario vivir todavía no los habíamos experimentado y sería muy complicado de que te pase algo feo, y que en vez de madurar y saber enfrentar a esos miedos que tenemos escondidos dentro nuestro, podamos caminar con entereza y con la frente bien alta, para poder vencer a ese cuco que a la postre es solo un personaje que nos quedó vagando en nuestra niñez y que solo nos permite tomar los recaudos y cuidados que la misma vida nos da, para poder vivir libre y realizar los sueños que todos tenemos guardados en nuestra cabeza y que nadie nos puede truncar.
Por Hector Orozco
