Según explicó la madre de Morrison a medios locales, las pequeñas bolas magnéticas las comió en dos oportunidades, buscando atraer los objetos metálicos que el niño acercaba a su estómago.
Pero con el correr los días y al no poder eliminarlas naturalmente, Rhiley le comentó lo que hizo a su madre, Paige Ward, quien rápidamente lo llevó al hospital.
Los médicos le realizaron una radiografía y descubrieron que tenía adentro de su estómago y en el intestino más de 30 imanes, pero luego de la operación se confirmó que fueron 54 en total.
La principal preocupación del personal de la salud que lo asistió era que alguna de las bolas que ingirió hayan sido absorbidas por el organismo o que afectaran a algún órgano vital. Por esa razón, le realizaron una cirugía de urgencia para extraerlas, que demoró 6 horas, y que no habría dejado secuelas para el niño.
Actualmente, Morrison se recupera en su casa y puede contar la anécdota del día que quiso ser el “hombre magnético”.
Fuente: A24
