La primera jornada de alegatos en el juicio a Julieta Silva por la muerte de su pareja Genaro Fortunato, a quien atropelló a la salida del boliche Mona Bar en San Rafael en la madrugada del 9 de setiembre del año pasado, dejó como dato destacado el cambio de calificación solicitado por el fiscal Fernando Guzzo.
Todo parecía apuntar a que el fiscal iba a solicitar la pena máxima, pero previo a tipificar el delito, Guzzo anticipó que sostenía el homicidio con dolo eventual agravado por la relación de pareja, pero luego aclaró que fue cometido en bajo emoción violenta.
El cambio de Guzzo sorprendió a todos en la sala. Incluso el abogado querellante, Tindaro Fernández, calificó de “brillante” el alegato del fiscal pero no compartió la calificación de homicidio en estado de emoción violenta.
“Discrepo con la calificación de homicidio en estado de emoción violenta porque significaría poner en tela de juicio la conducta de Genaro como disparador del estado de exaltación de Silva”, dijo el abogado de la familia Fortunato, quien en su alegato buscó desvirtuar algunas de las declaraciones de la imputada.
“Julieta Silva sabía perfectamente que el cuerpo que se encontraba en la carpeta asfáltica era Genaro”, disparó Fernández, quien puso en duda una de las pruebas más importantes para la defensa: la afección visual que padece la mujer de 30 años.
“Silva jugaba al hockey y si veía tan mal qué técnico la pondría. ¿Quién quiere a un ciego en una cancha?”, dijo el abogado. “Nunca Silva tuvo un accidente de tránsito, veía perfectamente”, agregó.
Mientras también expresó sus sospechas sobre los informes de criminalística, sentenció que “las escenas de ira y violencia partín de Silva, lo que coincide con las pericias psiquiátricas”.