El partido no pudo terminar y pasó lo que se temía. Tras el fallo de la Conmebol todo era tensión en la previa. En un partido caliente Independiente empataba con Santos y lograba la clasificación. Cuando faltaban 12 minutos para el final los hinchas de Santos protagonizaron incidentes y lanzaron bombas de estruendo. El partido debió ser suspendido.
Se hace difícil y es difícil hablar de fútbol en un contexto de tanto desmadre. De una serie cuyos contrincantes supieron recién la mañana previa al segundo partido el resultado de la ida y Carlos Sánchez, el jugador suspendido que jugó el primer chico, fue habilitado para la revancha tres horas antes del comienzo de la revancha.
Cuesta intentar analizar el juego en medio de tanto escándalo,cerrado con esos incidentes que provocaron los hinchas de Santos en un Pacaembú en estado de ebullición. Doce minutos antes del final, una bomba de estruendo fue el preámbulo de un nuevo desquicio que mancha el fútbol sudamericano en general y la madre de sus torneos en particular con la Conmebol una vez más jaqueada por sus propias decisiones.