“¿Viste el chico gay que mataron? En eso estuvo metido mi hermano, otro le pegó un tiro y él le pegó un ladrillazo”, le contó una hermana de Augusto Caín Agüero Lucero a una amiga, en una conversación por Whatsapp, dos días después del asesinato de Fabio Ezequiel Fernández en un descampado del barrio El Lince, cometido la madrugada del 4 de noviembre de 2014.
El diálogo fue extraído de un celular secuestrado como parte de la investigación por el crimen, en una pericia que la Cámara del Crimen 2 de San Luis le encomendó, el 27 de agosto de este año, al Departamento de Investigación de Delitos Complejos, de la Procuración General. Y se constituyó en una nueva prueba contra Agüero Lucero y el otro procesado por el homicidio, Martín Alejandro Tula, en especial luego de que, ayer, en el juicio oral contra ambos procesados, el tribunal rechazó los planteos de la defensa de que el peritaje a los teléfonos debía ser declarado nulo.
El diálogo entre la familiar del acusado y una amiga fue exhibido ayer, en una proyección visual en la sala de audiencias, por la responsable de Delitos Complejos, Carina Bernal.
El Departamento examinó un total de seis teléfonos, entre ellos, el de la víctima.
La conversación entre las dos jóvenes sobre el tema comenzó el 6 de noviembre de 2014 y no se limitó a una sola oportunidad. Fue sostenida en el tiempo, en distintas ocasiones.
La hermana de Agüero Lucero hablaba de lo angustiada que estaba la familia y de la vergüenza que sentía. Su confidente trataba de levantarle el ánimo y de hacerle entender que tal vez la participación de Caín en el homicidio era solo un rumor, que tal vez no lo había hecho. Y le señalaba que había que ver si había pruebas de eso. Hasta que su amiga le reveló que su hermano “ya se lo admitió a Julio”.