En nuestras vidas escolares quien no recuerda al primer maestro que nos tocó tener, pudo ser hombre o mujer, pero el instante que uno empieza a interactuar con ese personaje que actúa dentro de cuatro paredes, con ventanas y una puerta, es el primer contacto con el saber.
De sus manos trazando unas líneas con la tiza, poniendo unas cuentas en la pizarra, o simplemente indicándonos en un mapa la ubicación geográfica de un rio, o país y con total naturalidad, nos va indicando como tenemos que ir buscando nuestra inteligencia.
Cada maestro no solo se interesa por dar su materia, en muchos de los casos los educandos, vienen con falencias de sus casas, debido a que no todos pueden tomar un desayuno, una merienda o simplemente un plato de comida caliente en la mesa de su casa.
Es ahí que el maestro se encarga de organizar un desayuno en la escuela y hasta prepara unas viandas, para que los pequeños puedan comer algo durante su estadía escolar.
El docente se va amalgamando con su entorno, tiene que recorrer varios kilómetros para llegar a su lugar de trabajo, algunos de los pequeños lo hacen en mula, otros a caballo y esto representa, un gran sacrificio, de toda la comunidad educativa y solo lo podemos ver reflejado en las escuelas rurales.
Hoy la acción del maestro sigue siendo primordial en la educación de los chicos, pero hay que estar siempre preparado para los imponderables, que siempre se le pide un poco más al docente y en estos tiempos modernos, por denominarlos, tenemos que volver a entender que solo, no se consigue nada y debemos juntarnos para seguir creciendo.
Jamás se olvidan a los maestros, pero hay que rendirles un hermoso homenaje en vida, porque los años pasan y ellos que vienen arrastrando un montos de vivencias, hechos, actos, discursos y jamás se los puso en el lugar que se merecen.
Nunca podemos pedirle al maestro que sea nuestro padre, pero casi siempre es nuestro guía, nuestro confesor y ahí es el momento donde lo debemos aprovechar, por sus consejos y experiencia.
Vivan todos los maestros de nuestra patria y que jamás tengamos que decir que no nos sirvieron para crecer juntos, en la mejor etapa de nuestras vidas, pero la más embromada, como es nuestra formación académica.
Por Hector Orozco
