“Me llamo Cristian Bannet, la llamo para informarle que ganó $ 50.000 y un televisor, el sorteo lo realizamos hace unos minutos por Crónica TV”. Este es el ardid que utilizó el maleante para engañar a sus víctimas. El número del que llamaba era 376 470 8129, de Posadas, Misiones.
“Señora, le hablamos de Anses para informarle que los billetes de 100 pesos van a dejar de tener valor y si no los cambia perderá todo”. Esta es otra de las artimañas que utilizan a través de llamados telefónicos para engañar.
“Se ha ganado un auto y debe enviarnos el importe destinado al seguro para que podamos entregarle el vehículo”, es otro de los “versos” a los que apelan los estafadores.
El flagelo está sumamente extendido en todo el país y no se detiene a pesar de la acción de la Justicia que, con todos los medios, sigue encontrando responsables de estas maniobras, difíciles de combatir.
Lo llamativo es que gran parte de estas modalidades delictivas nace de las cárceles, donde resulta difícil combatirlas porque los mismos presos que cayeron por este delito siguen estafando, sin mayor control.
Esos dos ardides son los “premios virtuales”, la falsa recompensa prometida a cambio de un giro de dinero innecesario, y el “cambio de billetes”, un engaño que hace creer a la víctima que esos ahorros que tiene en su casa van a perder su valor si no cambia los billetes de pesos o dólares.
Para el pago de los premios virtuales –una camioneta, un auto, una suma de dinero que se obtiene por ser el titular de una línea telefónica, un viaje a un destino paradisíaco– se pide que previamente el beneficiario-víctima gire a la organización que emite el llamado una cantidad de dinero que terminará yéndose a los bolsillos de los estafadores.
El modo de concretar ese pago es a través de una transferencia por Western Union u otra compañía de giro de dinero. Muchas veces usan un Rapipago, Pago Fácil o un telecentro cuyo titular puede estar ajeno o ser parte de la maniobra.
A veces ha ocurrido que este “engranaje” es el que le provee los chips para que sigan estafando desde la cárcel.
Barrotes que no impiden. Un fiscal alertó que la mayoría de las bandas continúan operando desde las mismas cárceles. Solicitó un informe, aún sin respuestas oficiales. (Ramiro Pereyra / Archivo)
Rejas adentro
Esta modalidad es ejecutada desde los penales y sigue sin ser controlada a pesar de las peticiones judiciales.
No existen inhibidores de señales de celular –al menos no funcionan– ni parece que las requisas o detectores fueran efectivos para evitar el paso de aparatos, según advierten los investigadores.
Además, hay que aclarar que se ha comprobado que los call centers que se montan tras las rejas funcionan durante 12 horas seguidas, sin interrupción y sin que sean “detectados”.
Billetes voladores
La otra forma de estafar por teléfono es cometida desde fuera de la cárcel y se vale de la inocencia de personas mayores que creen que pueden perder sus ahorros u objetos preciados si no se los dan a otras personas –que creen honestas– para que se los cambien a fin de que conserven su valor.
Existen numerosas bandas delictivas que se dedican a este fraude cuya matriz es similar al anterior. En este caso se valen de un “pariente” al que le imitan la voz y le hacen creer que les están llamando por una emergencia.
Luego le pasan a un funcionario de una dependencia pública –Anses, Afip u otra– que les explica que tienen que entregar ese dinero que (saben o suponen) tiene guardado en su casa.
La capacidad de sugestión que tiene el operador –hábil estafador– consigue resultados impensados. La víctima entrega información valiosa en la creencia de que están ayudándola. Al final, van a buscar el dinero –billetes, dólares y hasta joyas– y terminan robándolo o recibiéndolo con las mejores intenciones.
En algunos casos, cuando comprueban que esa persona tiene mucho dinero o joyas en su casa, le “informan” que la persona que les habló está secuestrada y tiene que pagar el rescate.
La víctima está tan aterrorizada que hasta cree escuchar la voz auténtica del “secuestrado” que le pide que pague el rescate.
Roles
Según datos provistos por la Fiscalía de Delitos Complejos, la modalidad incluye un equipo de varias personas.
Uno mantiene la comunicación abierta, mientras otros pasan los datos para que otros vayan a buscar el rescate. Cuando llegan al domicilio, se presenta un “contador” que recibe los billetes. La víctima entrega confiada porque su “familiar” le había anticipado que ese contador iba a buscar el dinero.
En muchos casos, hubo tarea de inteligencia y búsqueda de información, desarrollada por un equipo de personas que transitan las calles y obtiene quiénes tienen objetos de valor, sus nombres, familiares y otros datos que ayudan a elaborar el engaño.
Cortar y no dar datos: Las precauciones básicas
Los consejos de la Policía para evitar ser víctima del ardid.
Ignorar. Ninguna empresa seria va a solicitar dinero por correo para solventar gastos administrativos. En caso de toparse con una situación así, lo mejor es cortar la llamada. Tampoco ninguna sucursal bancaria o sede oficial de algún gobierno irá a un domicilio particular a cambiar billetes: siempre, en todos los casos, se trata de una estafa.
Prestar atención. Se debe desconfiar de promociones donde se vendan objetos o viajes a muy bajo precio o se regalen bienes caros. No hay que darle datos personales a nadie, mucho menos claves de tarjetas o claves PIN con las que esos delincuentes puedan estafar luego.
Celulares. Desde la Policía recomiendan que si alguien recibe una llamada desde la cárcel, lo mejor es cortar. Tampoco hay que responder mensajes de números desconocidos ni brindar ningún dato personal (nombre, edad, familiares, dirección o cualquier información de este tipo) a alguien que llama por teléfono.