La Universidad Nacional de San Luis, fue sede de este encuentro dónde Abuela y nieta, recordaron la importancia del trabajo que hacen las abuelas de Plaza de Mayo.
Como muchas de sus compañeras de lucha, Buscarita, tuvo una vida dedicada a sus hijos, alterada por la desaparición de su hijo mayor: José Poblete. Yo soy Buscarita Roa, soy Abuela de Plaza de Mayo y soy Madre de José Poblete, detenido y desaparecido el 28 de diciembre de 1978. Ese mismo día también secuestraron a su esposa Gertrudis Hlaczik y a su pequeña hija Claudia Poblete Hlaczik, que en ese momento tenía sólo 8 meses.
[{adj:143647} Buscarita Roa.]
La búsqueda y el reencuentro con Claudia
Claudia fue secuestrada junto a su madre en un operativo militar. Ambas estuvieron cautivas en El Olimpo durante dos días. “El trabajo de las abuelas ha sido muy intenso. El Banco Nacional de Datos Genéticos, es donde todos los familiares hemos dejado nuestra sangre, para que cuando nuestros jóvenes quieran saber la verdad puedan encontrarla”.
Gracias a la búsqueda de Abuelas, Buscarita pudo reencontrarse con su nieta en el año 2000. “A mi nieta la encontramos con la búsqueda de las Abuelas. Muchos dicen que fue por una denuncia anónima que llegó a la casa de las Abuelas. Así pudimos mandar el caso a los Tribunales de Justicia y poder hacer un seguimiento con el juez que le correspondía la causa. Cuando se la llevó el Coronel Ceferino Landa tenía 8 meses”.
”Al encontrarla, me dio una alegría enorme. Su llegada fue maravillosa. Cuando encontré a Claudia estaba pensado en irme a Estados Unidos. Mi hija Lucy se había nacionalizado para que me fuera a vivir a allá. Así que me fui con todos los papeles en regla como para quedarme a vivir pero no pude… Estaba Claudita”.
El reencuentro con su nieta después de 22 años no fue fácil. Era necesario reconstruir ese lazo entre abuela y nieta, que compondrían con el tiempo. ‘Yo la había dejado de ver a los 8 meses y entonces, nos miramos y junto con una tía de ella por parte de su mamá, le entregamos un montón de fotos que llevábamos en el paquetito. No hubo mucho diálogo y en un momento le digo ‘bueno hija, yo soy su abuela y cualquier cosa que necesites yo quiero que usted sepa que yo estoy’. Ella estaba muy enojada con la vida, estaba enojada con el mundo, ella me contesta y me dice ‘no necesito nada’. Claudia fue criada por una familia muy mayor. El Coronel con su mujer no podían tener hijos y ya tenían bastante edad. Entonces ella, al ser adolescente sacaba cuentas y decía: ‘no me daban los números porque no me pueden haber tenido a esta edad’. Pero ella no quería ni preguntar. Era hija única, la llevaron por todos lados, la tenían bien. Recién a los 22 años se da cuenta de que no era hija de esta gente, que a sus padres los habían matado, que ese mismo hombre que era Coronel podría haber tenido participación en la muerte de sus padres. Es un dolor inimaginable. Y otra cosa es que ella tenía trabas en un montón de cosas, no había aprendido a manejar, no había aprendido a andar en bicicleta, y se crió en una familia de dinero, que tenían todo. Ahora ella dice ‘no tengo más miedos, se me quitaron los miedos’. El tío le enseñó a manejar, aprendió a andar sola, aprendió un montón de cosas que, como tenía miedo, no podía aprender’.
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