Este fin de semana murió Gustavo con 13 años, uno de los cuatro tigres de bengala que vivieron en cautiverio durante más de una década dentro del vagón de un tren en la Estancia Santa Romana de la localidad de Justo Daract, San Luis. El animal había sido rescatado en 2022 y trasladado al santuario Lions Rock, en Sudáfrica, donde pasó sus últimos años bajo cuidado especializado.
La organización Four Paws International, responsable del operativo de rescate y del seguimiento veterinario, confirmó el fallecimiento a través de una publicación en redes sociales. “Te fuiste demasiado pronto, Gustavo. Fuiste muy amado”, expresaron con pesar.
Según detallaron, el tigre padecía una enfermedad renal crónica diagnosticada el año pasado, una condición que, aseguran, se habría originado como consecuencia de los años de encierro en condiciones insalubres, sin los cuidados adecuados, y con espacio extremadamente limitado. Su salud comenzó a fluctuar entre días más fáciles y otros no tanto. Sin embargo, en los últimos meses, su estado general se agravó con síntomas de deterioro neurológico, pérdida de movilidad en sus patas traseras y debilitamiento de las capacidades cognitivas y visuales.
“Tras evaluaciones cuidadosas y con el corazón pesado, tomamos la decisión compasiva de dejarlo partir. Sus dolencias habían llegado a un punto en el que ya no podíamos ayudarlo, y su calidad de vida se deterioraba rápidamente”, señalaron desde la entidad.
Su madre, Mafalda, y su hermano, Messi, fallecieron previamente por la misma enfermedad producto del abandono al que fueron sometidos junto a Gustavo. Pues, también padecieron las secuelas permanentes que nunca pudieron ser revertidas en su totalidad. Solo su padre, Sandro, continúa con vida.
Durante 15 años, los cuatro tigres permanecieron encerrados en un vagón abandonado en la Estancia Santa Romana, sin acceso a condiciones mínimas de bienestar animal. La denuncia por esta situación derivó en su rescate internacional, que se convirtió en un caso emblemático sobre el maltrato a felinos en cautiverio.
“Si bien no pudimos cambiar su pasado, le dimos dignidad, cuidado y amor en su capítulo final”, reconocieron y contaron que “fue un tigre con gran fuerza de voluntad que disfrutaba de la compañía de su familia, que vivía en recintos vecinos”.
“Descansá en paz, querido Gustavo. Te vamos a extrañar profundamente especialmente tus cuidadores, que te adoraban”, concluyeron desde Four Paws.
El legado de Gustavo visibiliza una problemática global ante la necesidad urgente de legislar y fiscalizar el abandono y confinamiento de animales salvajes, que pueden acortar sus vidas.
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