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Juicio por la muerte de un policía en Villa Mercedes

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El juicio que tiene como acusado a Julio “El Tiburón” Navarro comenzó, como todo debate oral, con la lectura de la requisitoria fiscal. En el escrito, fechado el 18 de abril de 2017, la fiscal Verónica Alonso Ernst solicita que el hombre de 31 años sea condenado por “homicidio en ocasión de robo” a veinte años de prisión.

Luego, la presidente del tribunal, Daniela Estrada, le dijo a Navarro que pasara al frente. El hombre respondió cada uno de los datos filiatorios que le pidieron y cuando la magistrada le preguntó si iba a declarar, aclarándole que su abstención no lo perjudicaría, contestó que sí. “Tengo ganas de declarar, porque hay cosas que no son…”, alcanzó a decir. Y su defensor, Javier Quiroga, intervino.

“¿El tribunal me permite tener unas palabras con mi cliente? Porque esto no es lo que técnicamente habíamos hablado”, preguntó. Después de conversar con su defendido, el acusado regresó y les aclaró a los jueces que declararía, pero que lo haría más adelante.

Así llegó el turno de los testigos: los policías Marisa Soloa, Matías Gómez y César Tallone. Los tres contaron que la noche en cuestión, en la dependencia de Rufino Barreiro y Jujuy, además de ellos y el compañero que terminó muerto, trabajaban Miguel Zapata, Sergio Amaya y Matías Alfonso.

Eran casi las 22. Soloa estaba a punto de retirarse, cuando vio entrar a un hombre, empuñando un arma de fuego y con un casco de moto puesto. Le exigió el celular que tenía en la mano y dinero.

La efectivo se paralizó. Como el ladrón no vio reacción, la tomó de la ropa y la tiró al piso. Lo mismo hizo con Alfonso. “Esto es un asalto. No es joda”, les aseguró.

Cuando Alfonso se iba contra el suelo se le cayó la pistola de la cintura. El delincuente quiso tomarla y Soloa, con un manotón, lo impidió.

Gómez dijo que después escuchó a alguien decir “Alto, policía”. Era Pizarro. Ahí fue cuando el agresor, que estaba un tanto agachado apuntando a Alfonso, se enderezó y disparó. En ese instante comenzaron los balazos. Ninguno supo decir cuántos.

Cuando los tiros cesaron, Gómez vio a Pizarro, estaba agachado. Luego se puso de pie. Le habían disparado. No pudo precisar si lo hirieron cuando estaba en el suelo o parado.

Así, a duras penas, el policía herido caminó hasta afuera. Gómez salió detrás de él y, más atrás, lo hizo Zapata. Una vez en el patio, Pizarro se desvaneció sobre el pasto. No podía respirar.

Mientras Gómez auxiliaba a su compañero oyó otro “¡Alto, policía!”. Esa vez era Zapata. Al grito, le siguió otra detonación, un segundo “alto, policía” y, finalmente, otra tanda de balazos. “No sé cuántos, pero fueron varios”, dijo. En ese segundo tiroteo cayó muerto Gustavo Barros, el cómplice de Navarro.

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