La corrupción está reñida con la democracia y así lo establece nuestra constitución cuando en su artículo 36 expresa que “atentará asimismo contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes determinen para ocupar cargos o empleos públicos”.
El juez Bonadio ha procesado a la ex Presidente Cristina Fernández de Kirchner ya que considera que cuenta con semiplena prueba para demostrar que ha sido la jefa de una asociación ilícita formada por políticos y empresarios dedicada a la colecta de coimas. La misma imputación le cabría a su ex esposo de no haber fallecido ya que de la resolución surge claro que la primera habría sustituido a su esposo en la dirección de la gavilla. Los argentinos nos encontramos frente a una extraordinaria oportunidad de dejar atrás un devenir poblado de coimas, impunidad, aprietes, relaciones obscenas de parte de las principales autoridades en una realidad caracterizada por la corrupción. Ojalá que este primer mojón nos conduzca hacia un país regido por el respeto de la ley de parte de gobernados y gobernantes.
(NDR) Cuando hablamos de principales autoridades nos referimos a todos los niveles, municipales, provinciales, nacionales, poder legislativo, poder judicial.