Investigaciones científicas revelan que la convivencia de los perros con los seres humanos ha moldeado su comportamiento. Ellos no solo han aprendido a entender nuestras emociones, gestos y rutinas, sino que su capacidad para vincularse emocionalmente con los humanos ha dejado huella en su evolución genética.
La domesticación como el inicio de una alianza evolutiva
La evolución de los perros comenzó con su domesticación, hace entre 15,000 y 30,000 años, cuando lobos menos temerosos se acercaron a asentamientos humanos. Según la revisión publicada en Genes, la domesticación canina se dio en dos fases: una primera, caracterizada por la atracción de los lobos hacia ambientes humanos, y una segunda, donde se consolidó la selección de individuos más sociables y cooperativos.
Estudios paleogenéticos respaldan esta teoría. Según Jensen et al. (2016), los perros fueron los primeros animales domesticados antes de la agricultura, y esta cercanía con humanos supuso un experimento evolutivo sin precedentes: aquellos más capaces de comunicarse y cooperar con humanos fueron favorecidos generacionalmente.
Cambios en el comportamiento: la sociabilidad como ventaja adaptativa
La evolución de los perros está estrechamente ligada a su capacidad de entender y responder a señales humanas. Desde seguir la mirada hasta interpretar gestos como señalar con el dedo, los perros superan incluso a chimpancés en estas habilidades sociales, tal como se observó en los experimentos de Miklósi y Hare.
Otros científicos demostraron que, tras administrar oxitocina por vía intranasal, los perros aumentaban su conducta social hacia humanos y otros perros. Este hallazgo sugiere que el sistema oxitocinérgico canino ha sido reforzado durante la evolución, facilitando vínculos más fuertes con los humanos.
La oxitocina, conocida como la «hormona del amor», desempeña un papel central en el vínculo entre perros y humanos. El estudio de Nagasawa et al. (2015) reveló que el contacto visual prolongado entre perros y sus dueños eleva los niveles de oxitocina en ambos, generando un lazo biológico similar al que se forma entre madre e hijo.
Genes implicados en la evolución de los perros
Diversos estudios genéticos han identificado regiones del genoma canino vinculadas al comportamiento social. Un estudio publicado en Scientific Reports asoció variantes en genes como OXTR, WBSCR17 y receptores de melanocortina con habilidades de comunicación e interacción con humanos.
Uno de los hallazgos más llamativos es la relación entre el gen WBSCR17, implicado en el síndrome de Williams-Beuren en humanos (caracterizado por sociabilidad extrema), y la hipersociabilidad en perros. Esto sugiere un paralelismo evolutivo en el desarrollo de la socialidad inter-especie.
Otros estudios han identificado regiones del genoma bajo selección positiva relacionadas con el sistema nervioso, la biosíntesis de adrenalina y noradrenalina, y la modulación del estrés, todas ellas implicadas en la capacidad de los perros para relacionarse con los humanos de manera tranquila y confiada.
Fuente: Scientific Reports.
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