Una niña de 13 años se quedó embarazada y era sorprendente, no solo por su edad, sino que era una nena que no salía de su casa. Cuando sucedió esto, se animó a hablar y contó el infierno que vivió: su padrastro la violó por años.
Ocho meses después de que naciera el bebé, su hermana menor, la hija que había tenido el acusado con su mamá, también alzó la voz y admitió que fue abusada por su propio padre. Manifestó que vivenció los momentos en que el sujeto se aprovechaba de la otra víctima. Después de cada violación, él se largaba a llorar pidiéndoles perdón y les hacía jurar con el dedo meñique para que no hablaran; si no, lo meterían preso.
Las abogadas querellantes, Fernanda Pereyra Jameson y Estrella Marín, le brindaron más detalles al móvil de Radio Popular. Hoy inició el debate oral y “es probable que dure dos o más días donde se va a investigar y tratar el abuso sexual en ese momento de dos niñas”. En la actualidad, la víctima que tuvo un hijo de su abusador tiene 18 años y la otra es aún menor de edad.
[{adj:167437} Estrella Marín y Fernanda Pereyra Jameson.]
“Abuso de ellas desde que tenían ocho años en adelante de las dos”, señaló Jameson y agregó que se trata de niñas vulnerables que quedaban solas en casa porque su madre tenía que ir a trabajar. Estaban atravesadas por un contexto económico muy delicado y el imputado se aprovechó de esta situación.
El caso está intervenido por la perspectiva de género que ve a las víctimas como niñas en un ambiente de pobreza donde el Estado no estuvo presente. “Es importante que ahora sí se las pueda escuchar a estas dos víctimas y, más allá de lo punitivo, también sea un aviso para la sociedad de poder decir que hay un aparato judicial que escucha y es justo”, advirtió. La querella pide 30 años de condena, mientras que la fiscalía 20.
La mirada juzgadora sobre las víctimas y no en el acusado
Las abogadas comentaron que la madre también fue víctima del imputado. Ella se enteró de los abusos cuando su hija quedó embarazada y decidió hablar.
“Es una situación bastante delicada; la más chica sufrió problemas alimenticios, la más grande tiene que maternar a un bebé que es de su padrastro”, explicó.
En casos similares, Jameson lamentó que le preguntaran: “¿Y la madre no se dio cuenta? ¿Qué estaba haciendo?”. Explicó que es fácil poner el ojo en las víctimas y no realmente en la persona denunciada por abuso.
“En realidad, este tipo de personas suelen ser encantadoras”; hasta en los abusos manipulaba a las menores para que no hablaran. En un ambiente donde la educación sexual integral no existe, las víctimas son más propensas a guardar silencio y soportar el dolor físico y psíquico.
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