“Hace 50 años que soy costurera. Tengo 70 y sigo haciéndolo porque es una profesión que amo, que me gusta y que me ha dado muchas satisfacciones”, contó emocionada en diálogo con Radio Popular.
También recordó que su interés por la costura nació en su casa, cuando era una costumbre que las amas de casa aprendieran el oficio. “Antes era casi una obligación saber coser. Se estudiaba por correo, te llegaban los materiales y después te daban un diploma inmenso”, relató entre risas. Aunque no realizó ese curso, sí lo hicieron familiares suyos, y de allí nació su vocación.
Con el paso de los años, la costura se convirtió no solo en su trabajo, sino en una fuente de amistades y afectos: “He tenido muchas clientas, algunas desde el comienzo. Siempre las recuerdo con mucho cariño. A mí esto me ha dado muchas satisfacciones y también muchas amistades”.
La pasión por el oficio continuó en su familia: su hija mayor, Natalia, también eligió seguir el camino de la costura. “Ella es muy aplicada y le gusta mucho. Tenemos entre las dos un emprendimiento muy lindo relacionado con todo esto”, contó orgullosa.
Consultada sobre lo que significa ser costurera, no dudó al afirmar: “Es algo delicado, complicado si se quiere, porque la costurera es la que cose, pero también la que le da forma a la prenda. En mi caso, soy costurera, modista… no digo diseñadora porque eso requiere más estudio, pero toda prenda pasa por nuestras manos antes de llegar a su final feliz”.
También repasó cómo evolucionó la tecnología del oficio: “Mi primera máquina fue a pedal. Después le colocamos un motorcito, hasta que aparecieron las máquinas eléctricas, las Hoover, que te simplifican tanto el trabajo. Igual, esto no es fácil, porque necesita tiempo, dedicación y mucho amor”.
Antes de despedirse, Lilia dejó un mensaje para sus colegas: “A todas las costureras, les deseo un gran día. Que sigan amando lo que hacen, porque solo así salen bien las cosas”.
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