Este 3 de octubre se celebra el Día del Trabajador Vial y, como cada año, los empleados de Vialidad Provincial en San Luis lo conmemoran con el tradicional asado, bebida y camaradería. Pero para Segundo Castillo, esta fecha tiene un sabor especial: se prepara para dejar atrás 42 años de servicio y dar paso a su jubilación.
“Hicimos las ruta 146, ahí me inicié yo. No es igual que ahora, no había teléfono, no había nada y eran zonas muy desoladas, no estaba el agua potable, no había luz, los caminos no eran tan buenos; ahora hay mucha ruta, mucha comunicación y todo eso es como oro y polvo para la gente que está viviendo afuera”, recuerda Castillo. Su vida laboral comenzó incluso antes de ingresar formalmente a Vialidad: participó en la construcción de la ruta 146, una obra que marcó su inicio en los caminos provinciales.
Aquellos primeros años estaban lejos de ser fáciles. El equipo de vialidad se trasladaba de lunes a viernes a zonas remotas. Dormían en casillas, tomaban agua que traían en piletas montadas en camiones, y almacenaban la carne en fiambreras sin refrigeración, lo que los obligaba a consumir lo que ellos mismos apodaban “carne infestada”, por la manera en que la salaban para conservarla.
“En aquellos años si era un trabajo muy sacrificado”, dice Segundo. El pan se llevaba para toda la semana, el agua se congelaba en invierno, y la única luz al salir de la casilla era la linterna que cada uno tenía. Además, contó que “mayormente, no había acueducto, no había luz, incluso hicieron casas sociales. Ha cambiado muchísimo; la comunicación también. A nosotros nos pasaba algo, y si tenías que pedir un repuesto de una máquina”, había que avisar a través de la policía porque no existía comunicación directa. “No estaba el teléfono, nada”, continuó.
También compartió que “no había heladera casi, eran botes forrados y ahí no estaba helada el agua y cuando hacía mucho frío se nos congelaba el agua adentro. Así que al otro día teníamos leña, hacíamos fuego para tomar mate y desayunar. Nada que ver ahora. Ahora cambió muchísimo”.
El contraste con el presente es rotundo. Hoy hay más rutas asfaltadas, acueductos, electricidad y un parque de maquinarias moderno. “No han quedado ya, pero había máquinas del ‘66”, destaca.
Durante su carrera, Castillo recorrió todo tipo de terrenos: desde los caminos pedregosos de las sierras hasta los médanos movedizos del sur provincial. En el sur, “si corre el viento te lleva el médano para allá, te lo trae para acá. Por ahí se hacen lagunas de agua, el sur es así. Por ahí hay partes en las que parece que se revienta y cuando no llueve se hace guadal”, explica con conocimiento de quien ha pasado una vida enfrentando esos paisajes.
Hoy, con la jubilación a la vista, Segundo se convierte en testimonio viviente de una etapa dura del trabajo vial. Mientras compartía un asado con sus colegas, entre anécdotas y recuerdos, valoró los avances y celebró el reconocimiento que lentamente comenzó a llegar a un oficio muchas veces invisibilizado.
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