Carlos “La Mona” Jiménez transformó el autódromo de Potrero de los Funes en el epicentro del cuarteto con un espectáculo multitudinario que congregó a miles de fanáticos de todo el país. El evento, que se expandió por más de dos horas, no solo fue un hito musical, sino también un punto de encuentro para familias y emprendedores.
Un evento con logística y emoción
Desde tempranas horas de la mañana, la provincia desplegó un operativo de seguridad y transporte para garantizar el flujo de los asistentes al evento. La Secretaría de Transporte dispuso colectivos especiales que funcionaron hasta la madrugada del domingo, facilitando que los espectadores pudieran disfrutar sin preocupaciones.
[{adj:164033} Miles de personas fueron testigos de “El baile más grande del universo”, al mando de la Mona Jiménez. (ANSL.)]
La jornada, que abrió sus puertas a las 18:00, estuvo marcada por un ambiente de celebración. Vendedores ambulantes ofrecían merchandising temático, mientras que emprendedores como Luz y Victoria, dos jóvenes que vendían llaveros del artista, contaron que lo hacían para recaudar fondos para la operación de su perrita.
El baile fue también una oportunidad para el reencuentro de familias y amigos. Ingrid Spinar viajó desde Venado Tuerto para acompañar a su hermana, fanática de La Mona que vive en Villa Mercedes. Por su parte, Florencia Vega y su familia viajaron desde Cura Brochero para celebrar un momento especial en un ambiente que destacaron por su tranquilidad y organización.
La música y el sentimiento
La previa del show estuvo a cargo de la banda ‘La T y La M’ , que calentó el ambiente con su repertorio. Finalmente, a las 22:20, “El Rey del Cuarteto” subió al escenario con un traje de lentejuelas doradas para arrancar con el clásico “Amor de Mañana”.
Durante el show, La Mona interactuó con su público, leyendo carteles y banderas de provincias como Tucumán, Mendoza y Buenos Aires. El fue espectáculo una sucesión de éxitos, desde el icónico “Quién se ha tomado todo el vino” hasta “El bum bum”, que hicieron bailar a la multitud.
Entre la audiencia, las historias de devoción se mezclaban con el ritmo. Cristian Cibello, un fanático de Córdoba, llevó una bandera en honor a su sobrino fallecido, demostrando que la pasión por La Mona trasciende la música y se convierte en un símbolo de la memoria y la emoción.
Fuente: ANSL.
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