Con bicicletas, caminatas y un compromiso inquebrantable, miles de peregrinos se dirigen a la Villa de la Quebrada para venerar al Cristo y agradecer por las bendiciones recibidas. En el camino, hay un puesto de hidratación.
Con bicicletas, caminatas y un compromiso inquebrantable, miles de peregrinos se dirigen a la Villa de la Quebrada para venerar al Cristo y agradecer por las bendiciones recibidas. En el camino, hay un puesto de hidratación.