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c9b54b3e-ce6f-45ea-944b-87b84107aa93.jpg Radio Popular Radio Cadena Popular San Luis / Radio Cadena Popular San Luis

Es el fuego de Dios, que escribe severo en incendios torcidos, ante tanta apostasía. Cae Notre Dame como antes cayó Francia en la vulgaridad atea y jacobina, hasta conocer el fin de trayecto que son los chalecos amarillos.

Lo que más siente Dios, tiene a veces maneras muy duras de decírnoslo. La catedral se había convertido en los últimos años en una mera atracción turística, vacía de cualquier contenido, abandonada por los feligrseses y por un país que como toda Europa renunció a sus raíces cristianas en nombre de la libertad, ignorando que la libertad no puede consistir en negar al hombre sino en afirmarlo, y que sin tensión espiritual no somos más que montoncitos de carne. Nuestra Señora María, profanada por los mercaderes de camisetas, llaveros y estampitas. Todo ya pasó y todo está en la Biblia.

Cae el símbolo del arquetipo hombre-Dios con que construimos un mundo a la semejanza de nuestro Creador. Cae la belleza, la majestuosidad, el poder de María tantas veces profanado por todos los vicios de nuestra era, con el feminismo al frente, tal vez el linchamiento más deprimente al que hemos tenido que asistir, y que es el fuego en que ardemos, y lo que Nuestra Señora caída representa.

Asistiremos en las próximas horas a toda clase de lamentos sobre el incendio, hipócritas lamentos muchos de ellos, de los que nunca pisaron Notre Dame ni ninguna otra iglesia, y a lo sumo la vieron desde la Tour d’Argent, probando uno de sus patos numerados y decadentes como un mundo sin Dios. Eso, los que aún en algo se esforzaron. La mayoría pasó de largo, como pasan cada día de largo del amor, del dolor, de la esperanza, de la salvación.

Y luego para justificar su dejadez, salen a quejarse de la indiferencia, de la crueldad de Dios, reprochándole que no les hace caso, cuando fueron ellos los que, en su arrogancia y su brutalidad, hace mucho que le abandonaron.

Salvador Sostres Articulista de Opinión

Notre Dame no se ha caído. La venerable estructura gótica soportó el caos del fuego y custodió el área del santuario.

Un rosetón no soportó la destrucción, pero las demás vidrieras aún cantan la victoria de la luz sobre las tinieblas.

Dos tercios del maderamen ya no están. La aguja cayó sobre el presbiterio, pero sus cenizas protegieron el Altar, que sigue intacto en medio de la nave central.

El órgano, se ha ido. Habrá que rehacerlo pieza por pieza.

Todo dentro de ella está oscuro, lleno de humo y cenizas. Pero los candelabros y el cirial están intactos, esperando el Aleluya de la Resurrección.

Al fondo, imponente, brilla la Cruz, como signo de Vida. 

Notre Dame será reconstruida. Probablemente algunas zonas de ella aún están en peligro por su fragilidad después del desastre.

Pero será reconstruída, lavada, purificada y una vez más, consagrada como un Templo santo al Señor.

Así también la Iglesia.

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