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Llorar saca las tensiones pero no devuelve las vidas de los seres queridos que se esfuman de las manos, en los momentos memos pensados, pero es muy difícil de entender porque a tan corta edad debemos dejar esta vida terrenal, si todavía no hemos comprendido que es vivir la vida.

Muchas ocasiones encontramos personas imprudentes, inescrupulosas, que no se fijan si están en condiciones de viajar, de que las cosas estén en orden y de que el automóvil o el vehículo que se utilice, este con todas las normas de seguridad. Pero al mismo instante de que se produzca un accidente, todo queda de lado, porque ese momento queda gravado en la retina de las personas y no tomamos dimensión de lo ocurrido, hasta que ha terminado todo.

Nadie tiene la vida contada, pero cuando Dios llama a un ángel  tan pequeño deja mucho dolor y culpa, a esos padres que se ven desprotegidos por no contar más con su hijo, no hay que echarse la culpa de nada, porque la fatalidad va de la mano de la imprudencia, que nunca se sabe cuándo puede ocurrir, pero que las personas no estamos preparados para semejante acontecimiento.

La escala de la vida, nos da que por edad cronológica, siempre se van los abuelos, los padres y luego los hijos, pero cuando la ecuación se da al revés, es muy embromado entender desde el plano sentimental, porque a él y no a mí,  pero es que Dios nos da llamados de atención y nos pega donde más nos duele, el solo sabe si has hecho las cosas bien, o por el contrario si te has equivocado, recuerda que estamos hechos a imagen y semejanza de él, por eso no nos podemos dar el lujo de decir, que yo soy mejor que el otro, porque no es así.

La resignación es difícil de llegar, porque no es fácil volver al hogar y no encontrar a ese ser que se fue, pero siempre la vida te da revancha, hay que ser fuerte, no bajar los brazos y menos darse el lujo de flaquear ante la adversidad, no todo en la vida es color de rosa, pero por algo las espinas que encontramos en el camino debemos saber sortearla y empezar la nueva vida, con mucha fe, con amor y por sobre todas las cosas, nunca  olvidarse de la existencia de Dios, porque en el debemos respaldarnos ante tan penosa perdida.

Ojala siempre tengamos la mente clara y sana, para no maldecir a Dios, por un ser querido que se nos va, por el contrario, reflexionar y agradecer en la medida de las posibilidades de que el señor lo viniera a buscar tan temprano, algo debe tener preparado para él y a su familia una cristiana resignación. Todos somos siervos de Jesús, pero nunca estamos preparados para cuando él nos llame, menos el entorno de nuestras familias, que quedan inmersas en un mar de tristeza y pena, que de a poco debemos salir con la fuerza propia de los seres humanos.

Por Hector Orozco

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