De los 31.000 litros que transporta el acueducto, al pueblo solo llegan 12.000. Culpan a los criadores de ganado que pinchan el caño de 40 km de extensión para dar de beber a los animales.
gente que vive en Desaguadero tiene un reclamo permanente al estado y es por el agua potable que le llega al pueblo: dicen que es escasa durante todo el año, pero especialmente en el verano, cuando la presión disminuye notablemente y de las canillas solo sale un hilo fino que la gente acumula en baldes o en tachos.
En las siestas más calurosas, hay vecinos que cruzan a San Luis con bidones para traer agua de la primera canilla que hay al otro lado y a comienzos de febrero, el pueblo decidió un corte parcial de la ruta 7, junto al Arco que da ingreso a la provincia, para reclamar por agua potable, una medida de fuerza que algunos quieren repetir por estos días, aunque que el municipio entiende innecesaria: “Hubo un problema, pero lo hemos superado con camionadas diarias de agua que se sube a los tanques de las casas”, dicen en la comuna.
El agua potable que llega al Desaguadero viene desde La Paz, viaja por un largo acueducto que se construyó en épocas de los ex gobernadores Gabrielli y Lafalla y que corre junto a la ruta 7.
Es una obra que administra el municipio y que padece un grave problema: hay ganaderos que pinchan el acueducto y se roban el agua destinada a la gente, para dar de beber a sus animales.
La denuncia es conocida en todo Desaguadero y admitida por el municipio, que tiene escasos elementos para controlar un caño de más de 40 kilómetros de extensión.
Sin embargo, en los últimos días y gracias a una medición que realizó Aysam en cinco puntos del acueducto, se pudo establecer cuán grave es la situación: “De los 31.000 litros por hora que salen desde La Paz, a Desaguadero sólo llegan 12.000”, resumió Gerardo del Río, vicepresidente de Aysam: “Y no hay roturas en el caño, la pérdida de agua se da porque hay ganaderos que se la están robando con conexiones clandestinas”.
Aunque el acueducto es municipal, hay un convenio en marcha con la Provincia para que el servicio pase a manos de Aysam; pero antes de firmar, la empresa estatal exige una condición: que la comuna erradique las conexiones clandestinas que hoy se roban casi dos tercios del agua destinada a las 800 personas que viven en Desaguadero.
“Con 31.000 litros de agua por hora, Desaguadero no debería tener ningún problema, pero se roban el agua por el camino y no precisamente para consumo humano. Acá no estamos hablando de que la conexión clandestina va a un puesto donde vive una familia que la necesita para vivir, lo que ocurre es que termina en aguadas para el ganado”, dice Del Río.
Desde Aysam sostienen que alcanza con ver las imágenes satelitales de la zona para corroborar que algo no está bien: “En medio del secano hay trincheras de alamedas, pasturas verdes y aguadas en campos donde, teóricamente, no hay pozo”.
El municipio de La Paz sostiene que luego de la medición realizada por Aysam al acueducto, los inspectores comenzaron a buscar conexiones clandestinas en los campos aledaños: “Ya hemos detectado cinco y se ha procedido al corte”, comentó Raúl Muñoz, aunque admitió que es una tarea para la cual la comuna no cuenta con herramientas suficientes: “Somos un municipio chico, es un acueducto muy largo, los campos son extensos y no necesariamente los caños están a la vista. De todos modos estamos trabajando para disminuir las pérdidas por robo”.
Mientras tanto, en los días de más calor, en Desaguadero el agua escasea por la poca presión: “De la canilla sale un chorrito”, confirma un vecino que con paciencia la almacena en tachos y luego, con ayuda de una bomba, la sube al tanque de su casa.
Aysam detectó conexiones clandestinas
Aysam midió el caudal de agua en cinco puntos del largo acueducto, con la idea de sectorizar las pérdidas: en el kilómetro 901 corren 31.000 litros; en el kilómetro 891 baja a 25.000; sobre el 881 disminuye a 18.000; en el 771 el caudal desciende a 15.000 litros por hora y en el kilómetro 767, ya en Desaguadero es de 12.000 litros.
“Lo que ha detectado el municipio son conexiones clandestinas en las que se usa un caño de 75 mm de diámetro”, señaló Gerardo del Río, vicepresidente de Aysam y completó: “Para que la gente tenga una idea, en una conexión domiciliaria generalmente se usa un caño de 13 mm y en una escuela, por ejemplo, uno de 25 mm.
Acá hablamos de caños de 75 mm para darles agua potable a los animales. Se trata de un robo, de un delito”. Respecto a las multas el panorama no es claro, Aysam dice que si el servicio estuviese en sus manos, “las sanciones serían severas”, pero por ahora el acueducto es municipal: “Nuestro poder de policía es limitado”, dicen en la comuna.
Fuente: Diario Los Andes
