En comparación con el nivel mostrado al cierre de febrero, en el mes de marzo la base monetaria se expandió un 33,3%. Sumó cerca de $600.000 millones en el mes, más que nada por el desarme de Leliq que impulsó el Banco Central para incentivar préstamos a empresas que ayuden a pagar los sueldos en medio del cese de actividades por la cuarentena de prevención del COVID-19.
Las vías para asistir al Tesoro mediante la impresión de dinero llegaron a su tope normativo y hubo que recurrir a una maniobra contable para girar utilidades. Analistas temen impacto a la inflación, pero admiten que quedan pocas alternativas para estimular a la economía en medio de la pandemia.
Los días 26 y 27 de marzo, el BCRA emitió $80.000 millones en concepto de transferencia de utilidades, destinados al Tesoro Nacional. Esta medida se tomó con la finalidad de sostener a un fisco que en febrero vio crecer su recaudación apenas 35%, 15 puntos por debajo de la inflación interanual. Es decir, vio caer sus ingresos genuinos por los primeros efectos del parate económico que acompaña a la pandemia.
Luego de dos años difíciles para la política monetaria y cambiaria, las ganancias en el balance del Central son siderales. Esto es porque el activo de la entidad, a grandes rasgos las reservas internacionales, está nominado en moneda extranjera. Mientras que el pasivo, pesos en circulación, Leliq y pases, es todo moneda local.
Por otro lado, en el activo del BCRA no sólo hay reservas, sino que además figuran reservas que la entidad ya no tiene, que le transfirió al Tesoro para el pago de deuda.
En cada transferencia de reservas internacionales, el BCRA recibió a cambio Letras Intransferibles a 10 años. Son similares a bonos soberanos, con la diferencia de que son intransferibles, por lo cual el BCRA no puede venderlas a privados a cambio de dólares para sumar reservas genuinas. Quedan en el balance de la entidad, pero su valor, si lo tienen, es como mínimo dudoso. El Tesoro no devuelve el préstamo, sino que lo renueva, y el BCRA no tiene forma de transformarlo en dólares contantes y sonantes.
Sin embargo, a pesar de que no valen nada, suman ganancias para la entidad, debido a que están nominadas en dólares, lo que provoca que su valor contable suba cuanto más se dispare el dólar, o se devalúe el peso.
En enero de este año, el BCRA decidió cambiar la manera en que se establece el valor contable de esos papeles. Pasó a computar el valor de las Letras Intransferibles a “valor técnico”, luego de que por un breve período la administración de Federico Sturzenegger pasara a computarlas a un valor consecuente con el precio de mercado de bonos soberanos similares con el fin de permitir al Tesoro cancelarlas para fortalecer las reservas del Central. Esa cancelación nunca se concretó, luego de que el programa de rescate del FMI volara por los aires.
Al devolverlas a valor técnico, el presidente de la entidad, Miguel Ángel Pesce sumó casi USD 37.000 millones al balance del Central sin que entrar un sólo dólar. Ese asiento en los libros sólo aporta ganancias contables cuando el dólar sube.
Si bien el balance del 2019 por parte del BCRA no ha sido presentado aún, fuentes de la entidad calcularon ganancias de cerca de $1,5 billón que obtuvo el banco el año pasado. Son tres cuartos de la base monetaria, que hoy flota alrededor de los $2 billones. Ese es el poder de fuego total que podría, en teoría, girar el Central en concepto de utilidades. Y la entidad puede ir adelantando dinero a cuenta de esas utilidades que se oficializarán más adelante.
Los programas con los que el Tesoro busca disminuir la caída de la recaudación y los aumentos del gasto necesarios para cubrir las necesidades que genera el parate económico asociado a las medidas de distanciamiento social. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el Repro, la mayor inversión en salud, entre otros elementos, encuentran al fisco con menos recursos impositivos y pobre acceso al mercado para colocar deuda.
Además, la base monetaria creció con el desarme del Leliq, donde el BCRA buscó que los bancos tengan más pesos en las manos para prestar a empresas y ayudar a pagar salarios. Fueron alrededor de $300.000 millones con datos del día 30 de marzo.
A pesar de los problemas que conllevan estas medidas, los analistas observan desde un punto realista, que no quedan muchas alternativas ante el marco actual.
“Efectos sobre la inflación y las brechas vas a tener, el tema es que si emitís para apuntalar la demanda eso se te va a ir a precios, si en cambio lo hacés para sostener la cadena de pagos, vas a estar mejor enfocado”, expresó Gabriel Caamaño de Consultora Ledesma, y agregó: “Pero lo cierto es que ya estabas jugado, ya ibas a emitir, estás eligiendo el mal menor”.
La resignación ante la idea de que hubo pocas opciones para accionar, es común para varios economistas. Algunos se ilusionan con que el aumento en la demanda de dinero que se dio en las últimas semanas por el parate económico puede ayudar a que el daño, al menos, no sea inmediato.
“Creo que el impacto de la emisión en términos de precios será menor al que hubiera sido en otro contexto. En un país donde van a sobrar más dólares que antes por el lado comercial (o faltar menos, si incluimos a la deuda) por el deterioro de la actividad e importaciones que provocará el sismo del COVID-19, la emisión será menos inflacionaria que otras veces”, dijo Matías Rajnerman de Ecolatina. “La alternativa es atenuar la política expansiva (ya sea con menos gasto o con menos exenciones impositivas), que la respuesta del Poder Ejecutivo ante el shock sea más laxa. Considerando que nuestro plan fiscal anti-COVID-19 es alrededor de 2% del PBI, el de Estados Unidos 10% y el de Alemania 25%, por citar algunos, la verdad es que parece que el margen para tener una política menor es acotado. El problema estuvo en gastar los adelantos tan rápido (enero y febrero), que nos hicieron llegar a esta pandemia, inesperada, con muy poco margen para financiar la política contra cíclica de una manera menos agresiva”, agregó.
Fuente: Infobae. –
