“El futuro de la biodiversidad marina en Argentina depende de proteger el cañón submarino de Mar del Plata”, sostuvo Lauretta, al revelar en diálogo con medios nacionales la amenaza directa que sufren numerosas especies endémicas por la presión de la pesca y la falta de políticas de resguardo ambiental.

Lauretta explicó cómo los recientes hallazgos de la campaña científica abren una ventana inédita para comprender la riqueza oculta debajo de la plataforma continental argentina y, al mismo tiempo, exponen una urgencia: “Si no actuamos ahora, en pocos años podríamos perder especies inéditas para la ciencia y fuentes de recursos claves para las próximas generaciones”.

“En el cañón submarino de Mar del Plata descubrimos paisajes absolutamente vírgenes, con una diversidad de corales y esponjas que no esperábamos encontrar en el Atlántico Sur —detalló Lauretta—. Muchas de estas especies cumplen funciones ecológicas fundamentales y, si su ambiente se degrada, corremos el riesgo de un colapso en la cadena alimentaria marina”.

El biólogo explicó que la expedición, desarrollada durante varias semanas, empleó robots submarinos (ROV) y tecnología de última generación para captar imágenes y recolectar datos hasta profundidades de 3.000 metros.

Entre los logros, mencionó el hallazgo de especies de invertebrados nunca antes registradas frente a costas argentinas, y nuevas asociaciones biológicas inéditas en aguas nacionales. “Llevamos décadas pensando que nuestro mar era uniforme y poco valioso desde el punto de vista de la biodiversidad. Sin embargo, el cañón submarino es un verdadero hotspot, un tesoro biológico comparable al de los grandes cañones marinos del mundo”, enfatizó.

Según Lauretta, los resultados científicos superaron todas las proyecciones previas del CONICET y de la comunidad oceanográfica internacional: “Descubrimos que el cañón funciona como un corredor ecológico y una guardería de larvas y juveniles de peces y crustáceos. Es el motor oculto que alimenta a buena parte de las pesquerías argentinas”.

Sin embargo, señaló que la amenaza es concreta y cercana: “En las imágenes tomadas durante la excursión, detectamos rastros de pesca de arrastre y restos de contaminación plástica a 2.500 metros de profundidad. Esto demuestra que las actividades humanas están llegando a lugares que hasta hace poco creíamos inaccesibles”.

El experto insistió varias veces en la necesidad de avanzar hacia una protección legal estricta de la zona: “Hoy la legislación es insuficiente. No existe un área protegida que cubra el cañón de manera efectiva, ni límites estrictos para la pesca de fondo ni monitoreo científico a largo plazo”.

Señaló que el cañón no sólo representa un área de alta biodiversidad, sino también una fuente potencial de desarrollo sostenible y bioproductos únicos: “Muchos de los microorganismos que encontramos podrían tener aplicaciones farmacéuticas o industriales todavía inexploradas”.

Consultado sobre los desafíos para la preservación, explicó: “A diferencia de las áreas terrestres, los ecosistemas marinos profundos tienen una enorme dificultad para ser monitoreados y, además, son invisibles para la opinión pública. Esto hace más difícil que el Estado y la sociedad asuman su defensa como una prioridad nacional”.

“En países como Estados Unidos, Portugal o Francia, los cañones submarinos son áreas estratégicas catalogadas como reservas marinas. ¿Por qué en Argentina no podemos pensar igual?”, se preguntó Lauretta, y añadió: “La presión pesquera indiscriminada, el tránsito de buques o la explotación de hidrocarburos sin regulación pueden causar daños irreversibles en muy poco tiempo”.
El biólogo insistió en la urgencia de un cambio de paradigma en la gobernanza oceánica nacional: “Hace falta coordinación real entre el Ministerio de Ambiente, el INIDEP, la Armada y las comunidades científicas y pesqueras. Sin un enfoque común, cualquier esfuerzo aislado se pierde”.

Explicó también el rol decisivo de la ciencia en la gestión de los recursos marinos y puso como ejemplo la articulación internacional:

“El cañón de Mar del Plata alberga no menos de 120 especies diferentes de invertebrados, algunas de valor comercial pero muchas de valor ecológico incalculable. Proteger la zona asegura resiliencia frente a los desafíos futuros del cambio climático, a la vez que mantiene abierta la posibilidad de descubrir elementos útiles para la humanidad”.

Durante la entrevista, Lauretta compartió varios testimonios del equipo multidisciplinario que compone el grupo expedicionario del CONICET. “A bordo, la sorpresa fue total. Por momentos sentíamos que navegábamos sobre otro planeta. Entre los corales, anémonas y esponjas, descubrimos peces abisales que nunca antes habían sido filmados en vivo en la costa argentina”, narró.

Otra de las preocupaciones constantes fue la cantidad de basura plástica hallada en diferentes imágenes: “Cada invasión de microplásticos al fondo oceánico implica toxinas para toda la cadena alimentaria, desde microorganismos hasta grandes predadores”, alertó el experto. “Resulta impensable que en pleno siglo XXI nuestras acciones descuidadas estén dañando hábitats que toman millones de años en formarse”.

En cuanto a la dimensión cultural y social, Lauretta enfatizó que existe un desconocimiento generalizado sobre la riqueza marina argentina: “La mayor parte de la población no sabe que este tipo de ambientes existen, y menos aún que su salud determina el futuro económico y ecológico del país. Es momento de abrir el mar a la educación y la conciencia pública”.

Adelantó que la expedición del CONICET producirá un informe detallado que será presentado a las autoridades nacionales y organismos internacionales, con la meta de impulsar la creación de la primera Área Marina Protegida Cañón Submarino de Mar del Plata. “No se trata sólo de una bandera académica. Nosotros queremos que la sociedad se apropie de este patrimonio natural y lo defienda”.

Al ser consultado sobre la viabilidad de implementar un área protegida sin afectar al sector pesquero, Lauretta respondió: “Es perfectamente posible encontrar un equilibrio. En el resto del mundo, los sectores productivos conviven con la conservación. Lo que necesitamos es diálogo, monitoreo y reglas claras. Incluso, la pesca responsable se ve beneficiada a largo plazo si se resguarda la zona de desove natural de los grandes cardúmenes”.

Entre las acciones propuestas por el equipo de Lauretta figuran:

Impulsar una moratoria inmediata para la pesca de arrastre dentro del cañón.
Duplicar los relevamientos científicos anuales y sumar tecnología de telemetría y drones subacuáticos.
Implementar una campaña educativa nacional sobre océanos profundos y cambio climático.
Crear incentivos fiscales para empresas pesqueras que cumplan estándares de sustentabilidad.
Generar acuerdos de cooperación internacional para compartir descubrimientos y estrategias de manejo.
“El futuro del mar argentino no depende sólo de los científicos, sino de la voluntad política y de la presión ciudadana. Si logramos instalar el debate, la protección del cañón submarino será realidad y un orgullo nacional”, concluyó Lauretta.

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