La vida de Daiana Bauzá se detuvo el 25 de junio de 2017, cuando las sonrisas se transformaron en vacío y menos de 25 segundos cambiaron su rutina para siempre. El reloj aún no marcaba las 16.30. El micro en el que viajaban 56 personas desde San Rafael, Mendoza, hacia Buenos Aires, se detuvo en la ruta 144. “Pensamos que se había pinchado un neumático o que simplemente había un desperfecto técnico. Bajé a fumar un cigarrillo pero ni me percaté de lo que estaban haciendo”, dice Bauzá a Infobae. 

Diez minutos más tarde ocurrió la tragedia. “Los padres le pedían a Jorge Pinelli, el chofer del micro, que baje la velocidad. En un momento sentimos como impactó contra una roca, tambaleó, me paré y al perder la estabilidad todo fue un caos. Para mí todo eso duró 10 segundos. Quedé atrapada con mi pelo y lograron sacarme del micro contándomelo con un vidrio. Le pedí a una amiga que me ayude a salir, que busque a Maite, y me dijo: ‘Hay muertos, Daiana’. Vi el escenario y pensé ‘no puede ser, si hace hace dos minutos estaba todo bien'”.

El saldo fue devastador: 15 personas muertas, decenas de niños heridos e incontables familias destrozadas para siempre. Pertenecían a la escuela de baile “Soul Dance”, ubicada en Grand Bourg, provincia de Buenos Aires. Habían llegado a Mendoza el viernes 23 de junio de 2017 para realizar una muestra en un concurso de baile. “Nos fuimos un jueves a la noche. Llegamos allá y no hicimos parada en ningún momento. Nos detuvimos llegando, casi en San Rafael, porque los nenes querían comer algo. Pero en ningún momento del viaje tuvimos controles”, relata Daiana.

En aquella tragedia perdió a Dana Maite Reynozo Bauzá, su hija de 8 años. “Me arrepiento de haberles dado la plata, porque ellas no iban a ir”, cuenta Carlos Bauzá, abuelo de la niña fallecida. “Como abuelo me cuesta despertarme todos los días. Tener que postear la imagen de mi nieta en las redes sociales para que a nadie le vuelva a pasar es muy duro. No hay una causa porque quien manejaba, supuestamente, está muerto. El primer responsable es quien contrató el micro. Uno confió en esa escuela”.

Además agrega: “Nos pidieron determinada cantidad de plata y la pagamos. Incluso algunas madres vendieron pastelitos para que sus hijos viajen. A mi hija le cobraron 3.500 pesos, a otros 4.100, a otros menos. No había un monto fijo. ¿Cómo es eso? ¿El que bailaba mejor pagaba menos?

Entonces si dos tipos, los profesores, no midieron todo eso, no puede quedar impune. Además, la escuela era ballet del municipio de Malvinas Argentinas; ellos tuvieron que haber puesto un micro decente”.

Para los familiares, que Damián Pinelli -chofer que manejaba el micro al momento del impacto- esté muerto no exonera de responsabilidades a las demás partes. “Aún puedo recordar el escenario. Recuerdo ver a Damián Pinelli frente al micro. Llegó la policía y Jorge Pinelli, su padre, el encargado del micro, gritaba: ‘Yo no manejaba, yo no manejaba’. Automáticamente comencé a increparlo diciéndole: ‘hijo de puta, sos un hijo de puta’. No lo podía creer: mientras lloraba por mi hija, mientras su hijo largaba espuma por la boca, él decía eso”, recuerda Daiana, de 27 años, quien perdió a su única hija en aquella tarde fatídica.

“Esto se pudo haber evitado. Pinelli es responsable porque 10 minutos antes paró en la ruta, manipuló los frenos porque conocía el desperfecto de su micro -del cual era responsable-. Cada quien tiene que responsable con el acto que le corresponda. Damián Pinelli no tenía registro, estaba inhabilitado desde 2010. No hubo un inspector desde el municipio que vaya a ver si el micro estaba en condiciones. Todos sabemos que hay escuelitas de baile, de fútbol o de lo que sea que salen en estas condiciones y nadie se hace cargo. A nosotros desde la Fiscalía nos contaron todo esto, pero también que al estar muerto el chofer se dio por cerrada la causa, por eso seguimos reclamando justicia”, sostiene el abuelo de Maite.

Las víctimas, en los pedidos de justicia, solo hablan de “14 angelitos”. Al chofer, responsable de un suceso que pudo haberse evitado, lo ubican en una estructura piramidal de culpables en donde la familia Bauzá busca que la causa se reabra y haya nuevos imputados. “Hay padres que no van a ver más a sus hijos y niños que no van a ver más a sus mamás. Yo me fui con mi señora a ver viajar a mi nieta. Y cuando pasó esto estaba sin señal, llegué a las 18 a San Rafael y me encontré con la tragedia. Hoy tengo que llorar a mi nieta para que esto no vuelva a ocurrir. Esto no es un pedido de justicia por odio. Sí tengo rencor, no lo voy a negar, pero quiero que no vuelva a ocurrir. Que nadie vuelva a sentir que lo que nos pasa a nosotros”, aclara Carlos.

Jorge Pinelli es señalado por los familiares como el responsable absoluto. “Manejó todo el viaje de ida. Yo bajaba a cargar mi celular y siempre estaba manejando él. ¿Y justo cuando ocurrió la tragedia manejaba su hijo? Tengo muchas dudas al respecto de que su hijo esté al volante”, explica Daiana. A los cuatro meses, Pinelli volvió a salir con otro micro. Lo hizo con destino a Santa Fe, transportando a un equipo de fútbol de José C. Paz. “Lo detuvo Gendarmería en la ruta e iba sin registro. Intentó coimearlos, ofrecerles $500 y cayó detenido. Pero pagó la fianza y salió. Y como no está imputado en la causa no se lo pudo relacionar”, agrega.

“Mi hija no vuelve. Cuando regreso a mi casa me doy cuenta que por más que la luche no la voy a tener más. ¿Por qué lo hago? Para que no vuelva a pasar. Hace 11 meses atrás mi vida no tenía nada que ver con esto. Tengo 27 años, era mi vida, mi nena de 8 años era mi vida. Hay días que ni ganas de despertarme tengo. Lo único que hago es estar en mi casa y publicar fotos de ella para que se haga justicia. Jamás voy a olvidarla, sólo quiero recordarla de otra manera”, sostiene Daiana.

“Ningún rodado del micro era similar. La pericia dice que la carrocería está dada de baja de 2002, que no respetaba los ejes, que frenaba a un 66% de sus posibilidades. El tacómetro marcó que venía a 76 km. por hora en un lugar que tenía -como máxima- 30. Vi las fotos del micro, previo a salir, y te juro que lo primero que le dije a Daiana fue ‘llevate el carnet de la obra social'”. El transporte no estaba bueno”, cuenta Carlos.

“No tenía que pasar esto, fue una mierda. Nos está marcando el destino como familia. Acá murieron 5 mamás. Una nena lleva 19 cirugías desde la tragedia hasta acá. A veces las cosas pasan, quedan ahí y nadie se acuerda. Va a cumplirse un año dentro de poco y el dolor permanece intacto. A veces me pregunto: ‘¿En qué momento me arruinaron la vida así?’ Queremos que nos llamen, que nos pregunten qué necesitamos, que sepan que luchamos por mantenernos vivos”, concluye Daiana.

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