El ministro se verá este lunes a la tarde con Ernesto Leguizamón, su jefe de Gabinete, y los secretarios de Empleo, Miguel Ponte, y de Seguridad Social, Juan Carlos Paulucci, para ajustar detalles sobre el escándalo Heredia, lo ocurrido en el SOMU y, en otros puntos, el ordenamiento de los programas de empleo para piqueteros.

Triaca está en zona incierta. Sigue en su cargo pero el fuego no cede: continúan los pedidos de renuncia. “No es fácil conseguir un ministro de Trabajo para Macri: Jorge conoce a los sindicalistas pero es de Mauricio”, sintetiza un funcionario.

Ese dilema el presidente lo sorteó el año pasado cuando desalojó a Ezequiel Sabor de Trabajo, el nombre que Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, cuando eran aliados de Macri, propusieron como ministro.

El pico más alto del escándalo parece haber quedado atrás. Y la supervivencia de Triaca figura atada a la idea de que Macri le dio “una oportunidad” que, según un conocedor de ese circuito, demandará reacciones y acciones del ministro.

La suerte futura de Triaca aparece ligada a dos fenómenos simultáneos pero no necesariamente emparentados. En Casa Rosada entienden que los errores del ministro pueden atribuirse a que se aisló y no aplicó, como indica Jefatura de Gabinete, los protocolos de “transparencia” y “control”.

Sobre la mesa, el ministro tiene otra carta. En tiempo de descuento de paritarias, un buen acuerdo, con los gremios más importantes -UPCN, UOCRA, Comercio- puede devolverle a Triaca crédito político dentro del Gobierno.

Es una encrucijada para el ministro, porque pondrá a prueba hasta dónde lo “bancan” los sindicalistas de más y mejor diálogo con el Gobierno que, en ese juego, sabrán con qué pueden ayudarlo o perjudicarlo.

 

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